Unos vinos y unas tapas hoy en honor a Alfonso X el Sabio

Hoy se cumplen ocho siglos del fallecimiento de un rey tan 'sevillano' como Alfonso X El Sabio, prolífica figura histórica a la que se asocian los orígenes de la tan nuestra combinación de vinos y tapas.

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Virginia López. Este año se cumplen 800 años del fallecimiento del Rey Alfonso X el Sabio. Es uno de los reyes más vinculados a Sevilla y su influencia se deja sentir en nuestra gastronomía y sobre todo en los vinos españoles.

Respiró por última vez un día como hoy, un 4 de abril del año 1284. Y lo hizo precisamente en nuestra ciudad, aunque con las amargas circunstancias que envolvieron a su sucesión y con, prácticamente, todo el reino enfrentado a él. Menos Sevilla cuyo Cabildo municipal le fue fiel.

No está previsto en la jornada ningún acto conmemorativo, pero esta semana que entra tiene dos eventos privados para homenajear al rey y coinciden en fecha: el jueves 8 el Cabildo Alfonso X tiene un programa en el Alcázar y Paseos por Sevilla realiza la Cata ‘Vinos y tapas con Alfonso X’.

Estatua de Alfonso X en el monumento a Fernando III en la Plaza Nueva. Es obra de Enrique Pérez Comendador, porta Las Siete Partidas y mira al Ayuntamiento.

La tradición recoge que el jeroglífico NO8DO fue el regalo que le hizo en premio a dicha fidelidad si bien Emilio Carrillo lo desmonta en un interesante ensayo donde apunta a cuestiones de ‘marketing’ internacional.

El rey Alfonso X el Sabio nació en Toledo el 23 de noviembre del año 1221. Unos meses antes, en concreto el 24 de febrero, finalizaba la construcción de la Torre del Oro, signo inequívoco de que la Sevilla musulmana se pertrechaba ante la amenaza cristiana representada por su padre el Rey Fernando III ‘El Santo’.

Éste elegiría la fecha del nacimiento de su primogénito y heredero al trono para entrar triunfante en la ciudad conquistada, en el año 1248.

Retrato del rey en el Libro de los Juegos (1283)

La labor intelectual del monarca llevó al pueblo a apodarlo ‘El Sabio y entre su vasta y variada obra destacamos, por su relación con los vinos, las Cantigas escritas en gallego y las Siete Partidas como obra jurídica.

La madre del rey Alfonso X el Sabio fue Beatriz de Suabia, emparentada con los Hohenstaufen. Por eso aspiró a ser coronado emperador del Sacro Imperio Romano Germánico. Pese a ser reconocido como tal en el año 1257, el título recayó en 1273 en Rodolfo I, iniciador de la dinastía de los Habsburgo, vinculada luego a nuestro país desde Felipe I ‘El Hermoso’.  La historia es caprichosa como vemos y mil elucubraciones podemos hacer sobre cómo hubiera cambiado el devenir de nuestro país.

Estatua delante de la Biblioteca Nacional en Madrid, de José Alcoverro (1892).

Tanto el aspecto legislativo como el vínculo europeo están íntimamente relacionados con los vinos de nuestra tierra, especialmente con los gallegos y los jerezanos. Pero, antes de hablar de ello, empezaremos con la curiosa relación que las leyendas establecen entre el monarca y la tapa, esa singular expresión de nuestra cocina.

No se conoce el origen de la primera tapa pero todo apunta al propio nombre: la comida que se colocó tapando una bebida. Gustó tanto que la segunda bebida ya se pidió ‘con la tapa’.

Cuentan que estaba Alfonso X el Sabio por tierras gaditanas en el célebre Ventorrillo del Chato, tal cual llamado porque la gente así apodó sarcásticamente al dueño, de nariz prominente. Al pedir un Jerez, entró una ráfaga de aire y el mesonero tuvo el reflejo de tapar la copa con un tajo de jamón. Tras disculparse por su atrevimiento, el rey le felicitó por la idea y todo el séquito pidió una copa ‘con tapa’.

Las Siete Partidas.

Y con el ‘Chato, tápalo‘ que corearon, surgió la denominación de chato al vaso de vino. En cierta ocasión oí decir a la gran Lola Herrera que ella era de chatear con vinos, no virtualmente. O como nos contó Santiago Montoto en ese lugar angostísimo que era La Campana. Allí había ‘más de una taberna de vieja estirpe – entonces no había bares –, en cuyo mostrador se servían los auténticos vasos chatos que tanto se han espiritualizado y elegantizado, que ya no lo conocería el montañés que en la caldereta los fregaba‘.

Alfonso X con la Reina Violante de Aragón y el Infante Fernando de la Cerda,

Lo cierto es que en la legislación alfonsina sí aparece la orden de que en los mesones leoneses-castellanos se sirva comida junto al vino, para que no se suba rápido a la cabeza. También se regula la producción del vino, unificando criterios anteriores y amparando la garantía de calidad de los vinos:

E fi alguno a abiéndas echa algo malo en el vino, es obligado a enmendar todo el daño que por eto vino‘. (Ley 13, titulo 15, partida 7).

En las Siete Partidas hay 11 menciones al vino, tales como:

Comida de pícaros (o Almuerzo de campesinos), obra de Velázquez (1617-18), en el Museo de Bellas Artes de Budapest.

El vino tiene gran poder y es cosa que obra contra toda bondad, pues él hace a los hombre desconocer a Dios y a sí mismos‘.

Otrosí prohibimos que ningún cristiano ni cristiana convide a judío ni a judía ni reciba otrosí convite de ellos para comer ni beber juntos, ni beba del vino que es hecho por mano de ellos‘.

En el año 1264 Alfonso X conquista Jerez de la Frontera y la antigua Sherish musulmana se convertirá, como Sevilla, en una ciudad de realengo, es decir dependiente directamente de la Corona. Se impulsa el cultivo de las viñas y revitaliza su vino. Ello reporta pingües beneficios a las maltrechas arcas del fisco real, cada vez más exánimes ante las exigencias de la política internacional del monarca.

Aunque Alfonso X está enterrado en la Catedral de Sevilla, en la de Murcia se conservan su corazón y sus vísceras en esta urna.

Esa proyección internacional es el germen de que nuestros caldos se conozcan y gocen de prestigio en todo el mundo. Especialmente en Europa donde se degustaron gracias a que el Rey Alfonso X siempre los incluía en sus viajes. También eran degustados en nuestras propias tierras como fue el caso de la embajada de Pisa que visitó Soria en el año 1256.

Los jereces y los ribeiros, catados y cantados, se comerciarán en los puertos de Génova, Amberes y Londres.

No olvidemos el sabio consejo que el salomónico monarca nos dejó en este aforismo:

“Quemad viejos leños,
leed viejos libros,
bebed viejos vinos,
tened viejos amigos.”

 

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