El día que la venta decidió ser un sitio para comer con calidad

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Unas ostras frescas en una venta de carretera, algo impensable hace algún tiempo.
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Unas ostras frescas en una venta de carretera, algo impensable hace algún tiempo.

Carmen González. La Venta Hispalis, tal como se conoce popularmente, lleva abierta unos 70 años. Ahí estaba en la confluencia de caminos entre los pueblos de la Campiña y Los Alcores cuando la A-92 no era ni siquiera proyecto. Cualquiera que hiciera esta ruta, sabe que se trata de un lugar para desayunar antes de llegar a Sevilla, donde antiguamente se viajaba principalmente para visitas médicas. Hoy, el establecimiento se ha transformado en hotel y restaurante y, apenas que pares, verás que puedes celebrar lo que quieras con un menú que incluye productos de toda España, lo mejor del mar y de la tierra.

Hispalis empezó con la transformación para adaptarse a los nuevos tiempos en 2003, cuando dos empresarios, Paco Núñez y Ana María Catalán, decidieron invertir en convertir la venta en un lugar de encuentros. Y no sólo para descanso y parada del viajero que sube y baja por el interior de Andalucía, sino para cualquier ciudadano dispuesto a celebrar en un salón y terraza acogedora las viandas que te miran desde una gran pecera instalada en el centro de una de las estancias o desde cualquiera de las vitrinas de su amplio mostrador.

Antonio Núñez y Carlos Maldonado, representantes de ambos propietarios, están a cargo de 14 empleados (en total son 16) para atender el restaurante y el hotel los 365 días del año. Sólo cierran las noches del 24 y 31 de diciembre.

Pero en este avance hacia la mejora en instalaciones, menú y trato personal, los gerentes no han querido abandonar su carácter de venta de carretera. Al fin y al cabo, Hispalis es un referente en ese lado de la provincia por dar un servicio sobre todo a trabajadores que tiene su tajo cerca o que van camino de él cada día. Ellos aseguran que “varios miles de personas pasan por la venta diariamente” y cuando más se nota es en la hora de los desayunos.

El equipo de cocina obra el milagro cada día.

Entrar a primera hora de la mañana es ver a un “batallón de camareros” moverse detrás de la barra como si le fuera la vida en ello. Sirven varios cientos de desayunos al día. Si te paras a observar cualquier día, verás turistas que acaban de bajar del último autobús procedente de Málaga camino de Sevilla preguntando cómo se llaman las aceitunas negras del mostrador, uno de los productos que llaman más la atención del visitante foráneo.

Y también verás visitantes que van de paso, trabajadores de los alrededores, guardias civiles que tiene ruta cerca, cazadores, ciclistas que atraviesan la comarca por los caminos de servicio, camioneros, representantes o, simplemente, viajeros. Algunos llevan pasando décadas por la zona y parando en Hispalis por temporadas, en Semana Santa, puentes o vacaciones de verano.

Uno de los productos que más llaman la atención es el de aceitunas prietas, típicas de la comarca de la Campiña sevillana y, más concretamente de Arahal. Un producto recogido en plena madurez y aliñado con una amalgama orégano, ajo, pimiento choricero, pimentón y aceite. Aquí es tradición tomarlas con una tostada de aceite de oliva virgen también de la zona. Porque Hispalis ofrece una gran variedad de productos de la provincia, como las aldeanas de Osuna, las magdalenas de chocolate de Écija o las tortas de polvorón de Utrera, delicias dulces para deleitar al visitante como muestras lo más tradicional de la zona. También hay varias marcas de aceitunas con diferentes aliños y aceite de oliva virgen extra.

Pero esta oferta no se queda solo en los productos del mostrador. También llega hasta el fondo de la cocina. Porque Carmen Catalán, la cocinera y sus ayudantes, aprovechan los productos de temporadas para elaborar humeantes platos caseros como los potajes de Cuaresma, espinacas con garbanzos, alcachofas rellenas (o alcauciles como se conocen en la zona a esta verdura), menudo de cerdo o gachas con anís estrellado, empanadillas de cidra o roscos de azúcar.

No falta el menú diario junto con una carta que se mide con los mejores restaurantes de la provincia, en la que el bogavante nada un rato antes en su pecera, igual de fresco que el rodaballo o las almejas finas que se estremecen al contacto con las primeras gotitas de limón, o distintas variedades de pescado de roca al horno.

Carlos enciende a diario la brasa para los clientes que se prefieren una buena pieza de carne. Los más sibaritas eligen la variedad de Angus. A veces, la cambian por la pierna de cordero al horno. Todo, acompañado de verduras, patatas de varias maneras elaboradas y las salsa más variadas que puedes encontrar en establecimiento que apuesta por ampliar su lista de productos a golpe de los viajes que realizan sus propietarios

Porque si alguno de sus propietarios va por cualquier punto de España y, en una comida de ocio, prueban un vino, un pescado, un queso o cualquier producto único del lugar, tardan poco en incluirlo en un menú que se agranda por temporada, partiendo de lo local para llegar a lo nacional recurriendo a su numerosa lista de proveedores. Y cuidan el detalle asumiendo que el cliente quiere cada vez más lo natural y casero. Uno de los últimos productos adquirido es el huevo ecológico de una finca de Marchena. Productos con poco transporte y valores de sostenibilidad, demanda de una población cada vez más concienciada con el medio ambiente.

Siete décadas después de su apertura, la Venta Hispalis es el lugar donde podrás comer un potaje de Cuaresma o la almeja fina con unas gotas de limón. Menú del día o plato gourmet elaborado desde la filosofía de una venta de carreteras, nombre que se niegan a abandonar sus propietarios.

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