El estado de alarma no puede con el amor

El salón de plenos de Bormujos se habilitó con el distanciamiento social necesario para que permitir que las apenas 10 personas presentes no tuvieran problemas para acudir.

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Fermín Cabanillas. El Ayuntamiento de Bormujos ha celebrado la primera boda durante el estado de alarma en el Consistorio. La ceremonia, que ha sido oficiada por la delegada de E-Admnistración, Marga Beltrán, en el salón de plenos, ha contado con los novios y una reducida asistencia de asistentes, formada por los dos testigos, la madre del novio y el padre de la novia, junto a dos familiares, que han guardado la distancia de seguridad como marca el protocolo.

Un enlace lleno de emoción por todas las partes, puesto que se trata de una pareja que ha vivido con la incertidumbre de saber si podría llegar o no este momento, puesto que habían iniciado los trámites para el casamiento en el mes de enero y en principio estaba previsto que se celebrara para el 30 de mayo. Hasta hace dos semanas no supieron que podría hacerse una realidad la boda y siempre que la aplazaran al pasado sábado.

Manuel, de 45 años y Blanca, de 40, han celebrado sus más de 10 años de relación junto a su pequeño Héctor, de 5 añitos, que ha llevado los anillos, con una gran alegría y felicidad compartiendo este momento con sus más íntimos “después de semanas de intranquilidad”, confiesan.

A las muchas llamadas de teléfono al Ayuntamiento, que les ha facilitado en todo momento su ayuda, y el visto bueno a su expediente por parte del juzgado, se sumaban “los permisos especiales para nuestra familia” que tenían que desplazarse desde otras provincias e incluso comunidades autónomas, para acompañarles en este día tan especial. La madre del novio, llegaba nerviosa, tras viajar con la angustia “de que me pararan y, aunque tenía el permiso, no me dejasen llegar hasta Bormujos”.

El pequeño Héctor fue el invitado más especial.

La delegada de E-Administración, Marga Beltrán, que ha oficiado ya muchas bodas en el Ayuntamiento confesaba también que ésta era “especial por poder unir a una pareja en una situación tan difícil. Es bonito también celebrar el amor en este momento en el que algunas familias pasan por complicaciones”.

El salón de plenos se habilitó con el distanciamiento social necesario para que permitir que las apenas 10 personas presentes no tuvieran problemas para acudir, aunque todos ellos llevaban mascarillas y disponían de gel hidroalcohólico a mano, en una sala que se encontraba desinfectada.

Los planes del matrimonio eran celebrar junto a amigos y familiares una comida y una fiesta. En este momento no será factible pero aseguran que lo tienen pendiente porque quieren hacer partícipes a todos de su amor. Hoy se quedará en una pequeña reunión en un reservado para comer, que asumen con mucha alegría y resignación y humor. Lo importante, dicen, es que son tan felices como irradia su rostro.

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