La historia de cómo La Puerta de Marchena no acabó en manos privadas

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Fermín Cabanillas. Es uno de los elementos más espectaculares del Real Alcázar de Sevilla, pero, ¿sabemos su historia? Como ha recordado en sus redes sociales el patronato del monumento, la Puerta de Marchena guarda una curiosa historia.

Era la fachada del Palacio de los Duques de Arcos, en Marchena. Salió a pública subasta en 1913, y la adquirió el magnate de la prensa de Estados Unidos William R. Hearst. El mismo magnate se había encaprichado de Sevilla y su provincia, e incluso tenía finca en la carretera de Gerena a El Garrobo. En esa finca, por cierto, vivió su hija hasta morir el 16 de noviembre de 2011.

Alfonso XIII, por iniciativa del Marqués de la Vega Inclán, ejerció el derecho de tanteo, gracias al cual permaneció en Sevilla. Los trabajos de instalación en su actual ubicación son obra de Vicente Traver y finalizaron en febrero de 1914

Historia

Fue levantada durante el reinado de Isabel I de Castilla, con decoración gótica y con posteriores elementos renacentistas abundando los motivos heráldicos. En su composición vemos rasgos mudéjares. Su autoría podría estar vinculada a la producción del artista Juan Guas, tanto por motivos estilísticos como por la relación de este arquitecto con los propietarios del palacio. Se construye en 1492 y se reforma en 1540.

 

La reforma afectó a los elementos heráldicos que marcaron el cambio de linaje producido en el señorío. Se le añadió a la portada las figuras de salvajes que portan escudos con armas heráldicas señalando el nuevo linaje.

El autor de las esculturas es Esteban Jamete, y se pueden fechar en 1544. Hay que destacar que la villa de Marchena ya era entonces una de las más importantes de la Baja Andalucía.

Solo la pericia de Alfonso XIII permitió que la puerta se quedase en Sevilla y fuese finalmente colocada en los, entonces, nuevos jardines de los Reales Alcázares de Sevilla.

Cabe destacar que desde fines del XIX la venta de obras de arte españolas para museos y coleccionistas extranjerosera una sangría diaria. Gracias a la Ley de Excavaciones del Marqués de la Vega Inclán (1911), que incluyó la “cláusula de tanteo”, se puso coto a esta situación.

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