La historia en forma de silos

En un recorrido por parte de la provincia de Sevilla, sin duda hay que destacar el proyecto pionero de Fuentes de Andalucía convertido recientemente en un espacio cultural y juvenil.

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Carmen González. Cuando María Soledad Trigos Gálvez realizó su Proyecto Fin de Carrera (enero 2016) lo hacía influenciada por un entorno rural, el de Herrera (Sevilla), su pueblo, y por formar parte de una familia dedicada a la agricultura. Los silos fueron “el inicio de una nueva arquitectura” y así lo expresó en su trabajo.

La mayor parte de estas construcciones existen desde 1949. Fue después de la creación del Servicio Nacional del Trigo (SNT). Hoy en día, presiden las alturas en la mayoría de los pueblos en los que se instalaron; unos silos están abandonados, pero muy pocos se dedican ya a la actividad agrícola y lo hacen de la mano de la empresa privada. Los ayuntamientos se han dado cuenta de que su estructura, sencilla, sin ornamentos y de carácter industrial, puede tener otra utilidad, por lo que los están dedicando a proyectos originales o como nuevo espacio de uso municipal. Esta es la historia de algunos de los más relevantes de una parte de la provincia de Sevilla.

Estos grandes almacenes de cereales, construidos en la postguerra, marcan el techo de los pueblos y fueron instalaciones agrícolas e industriales que ahora se intentan recuperar para usos culturales y turísticos

Según expone la arquitecta María Soledad Trigos, los silos son “gigantes silenciosos del paisaje español que recuerdan la arquitectura europea y americana de los primeros años del siglo XX”. En España nacieron en la postguerra después de aprobarse el Decreto-Ley de Ordenación Triguera con el objetivo de intervenir la producción del trigo por parte del Estado.

Cosechas, guías y transporte de grano

A partir de ese momento, los agricultores se vieron obligados por sucesivas normativas a vender sus cosechas al Estado, eliminando el libre mercado. Incluso, conforme pasaban los meses, las normativas al respecto se fueron endureciendo hasta el punto de obligarlos a declarar bajo juramento las siembras y a precisar unas guías especiales para el transporte del grano.

Lo cierto fue que la actividad en torno a estas construcciones supuso una presencia importante en los pueblos en aquellos años. Los silos estaban generalmente construidos en las afueras de los cascos urbanos o en el perímetro de las últimas construcciones de la época. Y su actividad llenó los recuerdos de muchos vecinos durante aquellos años, antes de empezar a desaparecer, después de que España firmara el Tratado de Adhesión a la Unión Europea (UE) en 1985.

Listado de agricultores

Los responsables de las instalaciones tenían una lista con el nombre de todos los agricultores de la localidad. “Mi padre iba casa por casa avisándolos de la fecha de entrega del cereal en la Comarcal”, así lo cuenta Rosario Galán, hija de Manuel Galán López, el vecino de Arahal (Sevilla) que estuvo más tiempo trabajando en el silo de este pueblo de la Campiña sevillana, desde que se inauguró en 1959. La mayoría de las personas que trabajaron en estas empresas del Estado han fallecido pero quedan los testimonios de las familias.

Los silos, catedrales olvidadas que reclaman los ayuntamientos para nuevos proyectos
Una parte del silo de Arahal alberga la Jefatura de la Policía Local

La Comarcal

Rosario Galán cuenta que los silos se conocían con este segundo nombre: La Comarcal.  Posiblemente se debía a que en ellos dejaban las cosechas de cereales de la comarca, al de Arahal iba el cereal también de Paradas, aunque en este municipio hay otro silo situado junto a la vía ferroviaria, hoy abandonado. En un principio, el trabajo en estos grandes graneros era “muy duro porque cargaban sacos de trigo de 50 kilos, costales le llamaban, y tenían que subir por una rampa hasta arriba para dejarlo almacenado”.

Eran y siguen siendo los “techos” de los pueblos. Por esta razón, cuando comenzaron a funcionar se convirtieron en referentes para muchos vecinos. “El primer encargado se llamaba Teodoro, era de León y todos los muchachos les temíamos porque nos reñía si nos veía jugando allí. Jugábamos a la pelota, el quincano y al frontón”, cuenta José Portillo, cuya familia ha vivido en el barrio del Ruedo, donde estaba este enorme almacén agrícola en Arahal. Mari Carmen López se acuerda de ver llegar los tractores, “descargaban por una puerta del silo a cierta altura del suelo, hoy todavía está, después ya instalaron una báscula”.

La nave de Arahal

La nave conjunta al silo es sede de la Policía Local de Arahal desde 2010, aunque antes albergó el servicio de Andalucía Orienta. El silo sólo se utiliza de archivo y para la instalación de antenas de telefonía móvil, su interior sigue sin restaurarse, se conserva tal como lo dejaron.

Según los datos de los que dispone el archivero municipal, José Luis Moreno, en 1955, el solar, de 5.199 metros cuadrados, fue cedido para la construcción de un granero al Servicio Nacional de Trigo, así figura en un acuerdo plenario del 31 de diciembre. En este mismo acuerdo, expone que 972 metros cuadrados del terreno cedido fueron “innecesarios” por lo que se devolvieron al patrimonio municipal. Volvió a ser propiedad del pueblo el 12 de septiembre de 2006, cedido por la Consejería de Agricultura tres años después de haber sido solicitado, también por acuerdo plenario.

Proyecto pionero en Fuentes de Andalucía

En un recorrido por parte de la provincia de Sevilla, sin duda hay que destacar el proyecto pionero de Fuentes de Andalucía convertido recientemente en un espacio cultural y juvenil. Ha sido el primer silo de España reutilizado como infraestructura al servicio de la sociedad y aprovechado para interpretar el paisaje circundante, así aparece en la guía de Turismo Sevilla. Cuando se inauguró, el objetivo del Ayuntamiento de la localidad era que el edificio, hasta entonces abandonado, diera cabida a la  “inventiva, la creación y las ganas de construir un municipio moderno a través de la cultura, poniendo especial énfasis en la juventud”.

Desde entonces, año 2014, el silo fontaniego es una atracción turística a la vez que cultural. El visitante puede hacer el mismo recorrido que hacía el trigo hasta llegar a dos grandes miradores con unas vistas espléndidas de la campiña sevillana o asistir a las actividades organizadas en un espacio joven adecuado en las naves laterales. En su entorno han construido una plaza pública para organizar conciertos, aparcamientos para autocares y vehículos, un servicio de consigna y una tienda, además de contar con accesos para personas discapacitadas.

Proyectos en marcha

Hay ayuntamientos que ya tienen proyectos determinados para su uso. En Morón de la Frontera el silo está situado en las afueras del casco urbano, al pie de la carretera A-8125, que une esta localidad con Arahal, en una parcela de 3.600 metros cuadrados. Un cartel anuncia en la entrada que está  “prohibido arrojar basuras o escombros bajo multa de 603 euros”. Como la mayoría de estas construcciones, dan la bienvenida al visitante con su presencia callada desde hace más de veinte años.

En la actualidad, en Morón proyectan adaptar el edificio para que sea un Centro de Acogida de animales domésticos, en la localidad hay varias asociaciones que trabajan desde hace años en la recogida de animales en la calle como “Patas Arriba Morón” cuya influencia se extiende ya a otros municipios cercanos.

Pero este proyecto es el segundo que intentan poner en marcha en el silo moronense. La Junta de Andalucía cedió el edificio para adaptarlo como parque de bomberos años antes. Finalmente en 2017, el Consistorio destinó a este fin otro terreno junto al polígono industrial Juan Macho por lo que tuvieron que volver a pedir el cambio de uso. Desde su servicio de Prensa aseguran que “la pandemia ha paralizado el nuevo proyecto” por lo que están a la espera de que la situación se normalice para ponerlo en marcha.

Carmona, uno de los silos más grande de la provincia

También en Carmona el Ayuntamiento ha solicitado recuperar el silo, originario de 1946 y uno de los más grandes de la provincia. Está situado en el cruce de la carretera nacional Madrid-Cádiz y la C-432, conocida como la Glorieta de la Carmo.

En febrero de este año, han solicitado su cesión por parte de la Junta de Andalucía, según anunciaba el alcalde, Juan Ávila, en su perfil de Facebook.  “Tenemos en mente varios proyectos que se pueden adaptar a las características del edificio, que mantiene intactas todas las estructuras interiores originales destinadas al almacenamiento de cereales. Esto ya tiene un valor como patrimonio industrial, pero haremos todo lo posible para hacerlas compatible con nuevos usos sociales, culturales”, escribió.

La edificación se mantuvo en pleno rendimiento hasta 1995, el uso hasta entonces dejó de tener sentido cuando llegó el cambio de la política agraria. Un año estuvo alquilado por una empresa de productos ecológicos y, desde entonces, se abandonó. El edificio está dividido en dos plantas, una de ellas con doble altura en la que se encuentran las 38 celdas donde se almacenaba el grano que llegaba de toda la Vega de Carmona y pueblos limítrofes, según aparece en un informe de 2008 realizado por los arquitectos Carlos Mateo, Francisco J. López y José Miguel Romero.

La propuesta de estos profesionales fue convertir las instalaciones industriales en biblioteca aduciendo su “óptima accesibilidad” ya que el  “80 % de la población quedaba en un radio de influencia de entre 700 y 1.200 metros, en torno a 20 minutos a pie” y, además, “8 de los 10 centros de primaria se encuentran próximos a su ubicación”. De momento, se estudiará el uso futuro.

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Silo de Herrera en la actualidad sin utilizar, los alrededores sirven de aparcamientos

 “Catedrales olvidadas”

Igual ocurre en Herrera, donde el Ayuntamiento tiene previsto solicitar la cesión del silo a la Junta de Andalucía. De momento, sólo han puesto en valor el entorno, dotándolo de pistas deportivas y aparcamientos. El silo de Herrera está junto al único colegio de Primaria de la localidad, el CEIP Virgen de los Dolores.

En 2016 fue objeto de estudio por parte de María Soledad Trigos que los considera como  “catedrales olvidadas”. “La gran mayoría adoptan una planta basilical con características comunes a las antiguas basílicas y catedrales. Disponen de una nave central elevada para el transporte horizontal del grano que quedaba depositado en la parte alta de las celdas”, describe la arquitecta. Y añade que son “piezas verticales de la arquitectura industrial, en conjunto supone una evolución y logros de la arquitectura española del siglo XX en el contexto de un país más rural que industrial”.

No obstante, como ella misma indica en este trabajo, su origen no se sitúa en España sino en EEUU y los primeros que se construyeron en Europa están en Alemania e Italia sobre el año 1900. En España, fue Bilbao la ciudad que acogió la primera de estas construcciones, en 1923, antes incluso de entrar en vigor el Servicio Nacional del Trigo.

Silos con destino empresarial

En la provincia de Sevilla, algunos han vuelto de alguna manera a ser usados para su actividad originaria. En Marchena, hay dos edificios de estas características, muy cercanos entre sí. Uno de ellos fue cedido por la Junta al Ayuntamiento y en la actualidad sirve de almacén municipal, es el que está situado en la carretera de Paradas.

El segundo, con una superficie de casi 16.000 metros cuadrados, fue adquirido por el grupo empresarial Algosur a finales de 2018. El Estado español lo subastó junto con otros 27 silos a través del Fondo Español de Garantía Agraria (Ministerio de Agricultura). Curiosamente, el de Marchena fue el que se tasó más caro de los existentes en la provincia de Sevilla. Alcanzó casi un 1,2 millones de euros.

El objetivo de esta empresa era incluirlo en un plan industrial de almacenamiento de quinoa, su  “arroz inca”. Es un cultivo que introdujeron en el mercado sevillano en 2007. De hecho, antes de llegar a Marchena, Algosur recuperó el viejo silo de Las Cabezas de San Juan en su expansión por varias comarcas agrarias de la provincia.

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