La sevillana Ángeles López de Ayala, pionera del feminismo en España

Afincada en Barcelona, desarrolló una intensa actividad periodística y política.

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Virginia López. La biografía de Ángeles López de Ayala se circunscribe al ámbito de Barcelona, donde transcurrió gran parte de su vida. No es conocida en su propia ciudad natal, Sevilla, donde nunca ha sido homenajeada o reconocida. Dada la importancia de su figura, sobresaliendo como pionera en el activismo, la defensa de la mujer y el republicanismo, bien merece que hablemos de ella, especialmente en el Día de la Mujer.

Su sevillanía, por llamarlo de algún modo, es, en cierto sentido, ínfima. Pero sus raíces familiares se hunden en nuestra tierra – aunque ella habla de franceses y comuneros – y podemos columbrar que al ver la luz aquí, en tierra andaluza, se impregnó de su espíritu, para la lucha vital en la que convirtió su vida.

López de Ayala, en el ‘Mallorca’, entre los congresistas del Internacional de Librepensamiento. 1904.

Ángeles López de Ayala y Molero nació en Sevilla un 21 de septiembre del año 1859 – al no encontrarse la Partida de Bautismo en San Martín, la fecha varía – en la calle Correduría. Queda huérfana de madre a los siete años, pasando a vivir a Morón de la Frontera y a estudiar en Osuna. Tuvo un intento de profesar en un convento de Marchena, para darse cuenta de no tener vocación.

Sí se despierta en ella de forma temprana la vena literaria, pues fue éste, al fin y al cabo, su oficio. Teniendo en contra a la familia, pese a que su tío, el político Adelardo López de Ayala, era escritor. Él ha sido objeto de una Tesis de su obra literaria, que ha permitido conocer sus orígenes pues era natural de Guadalcanal, localidad que era pacense cuando nació.

Esto dio pie a un ambiguo sentimiento entre lo extremeño y lo andaluz al par de la familia, emparentada con los Condes de Casa Ayala, cuyo linaje se remonta, como bien supondréis, a Pedro López de Ayala, escritor y Canciller de Castilla con el Rey Enrique II y cuya hija es la famosa Doña Elvira del Barrio de Santa Cruz.

Nuestra protagonista con dieciséis años escribe El triunfo de la virtud, una novela en cuatro tomos. Comenzará a escribir en diversas publicaciones como El Hispalense o La Educación. Una de sus obras que escribe más tarde lleva por título Los terremotos de Andalucía o Justicia de Dios.

Sufraguistas españolas en la portada de ‘La Conciencia Libre’. 1897.

Al casarse en 1881 con el librepensador Francisco Valero de la Peña – tras enviudar se casa con el guitarrista Joan Pon i Angelet –, se instala en Madrid donde prosigue con su obra literaria de poesía, novelas, obras de teatro, cuentos infantiles y un amplio muestrario de artículos en prensa.

Hacia 1887 inicia una campaña pública contra la monarquía y a favor de la libertad de conciencia, lo que le granjea ser arrestada y que su marido y ella salgan ilesos del atentado que sufre su casa en Santander. Poco después se instala en Barcelona, donde muere en 1926.

Ángeles López de Ayala desarrolló en la ciudad condal una amplísima y variada actividad como mujer librepensadora. Fundó varios periódicos republicanos y feministas, tal El Libertador, en 1910, cuyo lema era periódico defensor de la mujer y órgano del librepensamiento. Su afán por desligar la educación de la mujer de las oligarquías, le lleva a fundar y dirigir una escuela de niñas, laica y racionalista. Toda vez será el germen de la institución más importante que funda, la Sociedad Progresiva Femenina. También crea un orfeón, una compañía de teatro y es cofundadora de la Sociedad Autónoma de Mujeres de Barcelona, la primera organización feminista a nivel nacional.

Su faceta más conocida y la que aquí más nos interesa es sin duda la de activista defensora de la mujer pero fue una mujer polifacética y otro de los terrenos donde alcanzó grandes cotas de significación fue en la logia masónica, donde coincidió con la sevillana espiritista Amalia Domingo Soler, con quien tuvo amistad de por vida, si bien era conservadora. Dio innumerables conferencias por el país e incluso en el extranjero expandiendo sus ideas.

Primera manifestación de mujeres en España, por la educación laica. Barcelona, 1910.

Por ello, su labor literaria – que sí se inicia en Sevilla pero de la que apenas queda rastro, como un posible premio a los quince años en un certamen literario o que se estrenara en 1880 en el Teatro del Duque su obra Lo que conviene a un marido. No ha sido objeto hasta la fecha de estudio, sí su pensamiento, con la Tesis Ángeles López de Ayala (1858-1826): Icono de librepensamiento en la España entre siglos, de María Victoria Clemente Palacios que puede leerse en Dialnet.

La figura de Ángeles López de Ayala es fundamental en la España finisecular decimonónica y en los albores de la siguiente centuria. Su apasionado e inconcuso anhelo no solo lo plasmó con la pluma o la voz sino con múltiples actividades como hemos visto, que culminaron con la primera manifestación feminista que hubo en España, el 10 de julio de 1910, en Barcelona, cuya convocatoria escribió y de la que fue portavoz,

Ángeles López de Ayala ha sido un referente. Stand de la Sociedad Benéfica Libre Pensadora con su nombre. 1935.

Luchó por un cambio social y político en España. Por traer el progreso mediante la educación, liberarse del yugo eclesiástico y favorecer la emancipación de la mujer y de la clase obrera. Al final de sus días se dedicó a causas humanitarias a favor de sordomudos y creó El Nivel Rojo, una alternativa laica e independiente a la Cruz Roja.

Tras su muerte y durante la Segunda República siguió siendo recordada hasta el abrupto lapidario silencio que cayó sobre ella tras la Dictadura. Pero en la actualidad, como he indicado al inicio, no ha recibido un solo homenaje en Sevilla. Ni en forma de calle, estatua, certamen, denominación de centro escolar, entidad municipal o vecinal. Ni qué decir que urge solventarlo.

Así se presentó ella misma en este poema llamado Mi Porvenir (1890):

Nací para sufrir; ya en mi existencia
Desde mi infancia germinó el dolor;
Mas tuve voluntad, fuerza y valor
Y en era más feliz tuve creencia
Aumentaron mis males su violencia

Y rasgaron mi pecho con furor;
Me hallé sola en el mundo engañador,
Con el arma no más, de mi inocencia.
Siempre a la fuerza opuse el heroísmo;
Siempre el crimen me opuso su cinismo
Y siempre contra él supe triunfar.
En adelante… ¿triunfaré lo mismo?

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