Leonor de Guzmán, la dama sevillana que enamoró al Rey

Una intensa historia de amor de la que nacieron los diez hijos ilegítimos de Alfonso XI, uno de los cuales reinó como Enrique II.

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Virginia López. Estaba Donizetti inmerso en su segundo trabajo para la Ópera de París cuando se vio obligado a incluir como protagonista a la mezzosoprano Rosine Stolz. No obstante rescató algunas piezas de su obra inacabada El duque de Alba en la nueva obra que se estrenó el 2 de diciembre de 1840 con el título de La Favorita.

Gracias a que se inspiró en un episodio apócrifo de la vida amorosa de Leonor de Guzmán, una sevillana se convertía, una vez más, en protagonista de una ópera y Sevilla volvía a ser escenario de este género musical.

Imagen de Leonor de Guzmán en el LibergenealogiaeregumHispanie, de Alonso de Cortegana (BNE, s.XV).

El Rey Alfonso XI (1311-1350) era bisnieto de Alfonso X. Tras sucesivas regencias por su minoría pues su padre murió cuando él contaba tan solo un año de edad, pudo reunificar de nuevo el reino – a punto estuvo de desunirse Castilla y León unidas por segunda vez bajo Fernando III, lo que no ocurrió – y ha pasado a la historia por ser el único monarca en fallecer víctima de la Peste Negra que asoló Europa a mediados del siglo XIV.

Desde que contrajo matrimonio en 1328 con María de Portugal no engendraba hijos. La leyenda cuenta que un día paseando por la calle Castellar – hoy número 40 – vio a una bella dama, siendo informado al instante que era virgen y viuda. ¿Cómo era posible? Muy sencillo, la dama había sido desposada pero su marido había muerto en la guerra antes de consumar el matrimonio. Quedó prendado el monarca al instante y ya no se separó de ella hasta su muerte.

Esta parte final sí es cierta, así como el escenario pero no los detalles del encuentro. El rey y la dama sevillana se conocieron en nuestra ciudad cuando ambos eran adolescentes. La leyenda siempre se empeñó en mostrarla como una matrona cuando solo le llevaba un año y el enamoramiento tuvo lugar mucho antes de la boda del rey. También se cuenta que él tuvo que insistir ante su desdén. Esos detalles nos recuerdan a Carlos de Inglaterra y Camilla. Si bien Alfonso XI siempre mantuvo a María como reina legítima, su concubina fue tratada y actuó como reina.

Según el cronista del monarca Fernán Sánchez de Valladolid, la joven congenió desde un instante y supo colmar una soledad que arrastraba desde unos esponsales infructuosos y su posterior matrimonio plagado de animadversiones mutuas.

Lo cierto es que la reina María vivió recluida en el Monasterio de San Clemente, donde está enterrada, mientras que Leonor de Guzmán (1310-1351) residía en el Alcázar rodeada de la corte. El rey le concedió una larga lista de señoríos, la mayoría situados en la Baja Andalucía, pues en Leonor confluían las dos casas nobiliarias más poderosas del lugar: los Guzmanes y los Ponce de León. Cien años después un incendio en la Iglesia de San Marcos fue testigo de las rencillas entre ambos linajes.

La calle Castellar, con la torre de San Marcos al fondo, en 1885.

Y los problemas de fecundidad de la reina contrastaban asimismo con la numerosa prole de la pareja, que tuvo hasta diez vástagos ilegítimos.

La repentina muerte del rey la situó en un terreno ambiguo y por momentos parecía salvar su vida y sus propiedades pero finalmente un escudero la mató, probablemente por orden de María de Portugal, en Talavera de la Reina. Esta localidad era señorío de la reina y el apelativo se debe a ella, precisamente.

Estatua dedicada a la reina María de Portugal en la localidad Talavera de la Reina, cuyo apelativo de debe a ella.

Leonor de Guzmán fue una mujer extremadamente fiel al rey a quien siguió en todas sus incursiones, estuvo presente en la Batalla del Salado que supuso la incorporación del Campo de Gibraltar a la Corona, despachaba asuntos políticos de la corte e incluso recibía a embajadores y en todo momento aconsejaba al rey. No pensemos en éste como un débil en sus manos. Alfonso XI fue apodado “El Justiciero” por imponerse a los nobles, tomando las riendas de todo cuanto aconteciera en sus dominios.

Hábil y ambiciosa, acumuló propiedades para sí y sus hijos durante los veinte años que duró su relación amorosa.

Sevilla no le tiene dedicada ni una calle. En Alcalá de Guadaíra, cuyo señorío solicitó al monarca y en cuyo castillo pasaba temporadas, hay un instituto con su nombre. Y en la Universidad de Córdoba una Cátedra de estudios feministas también lleva su nombre.

Baños Reales de Doña Leonor.

Ironías del destino y como producto de la ruin propaganda de los detractores del rey Pedro el Cruel – heredero de Alfonso XI – frente a su hermanastro Enrique de Trastámara – hijo de Leonor –, a los baños del Alcázar se les llamó los Baños de María de Padilla, difundiéndose con malicia que la susodicha, amante del rey Pedro, se bañara en ellos impúdicamente desnuda, al estilo de las mujeres musulmanas de antaño.

En cambio, Leonor de Guzmán sí gustaba de recibir baños aromáticos al estilo árabe en un recinto que el rey Alfonso XI mandó construir expresamente para ella en el Alcázar de Córdoba, llamados Los Baños Reales de Doña Leonor.

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