Los farolillos de melón, una tradición distinta en Olivares

Estos melones que se desechaban, eran muchas veces usados como alimento para el ganado o incluso a veces usado en la elaboración de alimentos como el gazpacho, ya que poseían un cierto sabor a pepino.

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Fermín Cabanillas. La noche de Todos los Santos volverá a iluminarse en el pueblo de Olivares con la recuperación de la tradición de los «Farolillos de Melón».

Se trata de una tradición que aún sigue vigente en muchos municipios andaluces, especialmente en la provincia granadina. Según la costumbre estos faroles debían colgarse en el dintel de la puerta, para ahuyentar a los espíritus que vagaban libres durante esa noche.

Dentro de la categoría de Oficios y Saberes, el Instituto de Patrimonio Histórico Artístico de Andalucía recoge la tradición de la elaboración de los farolillos de melón en la víspera de Todos los Santos.

Con más o menos cantidad, se conserva aún en algunos pueblos de Andalucía: como Priego de Córdoba, Jauja, Monturque o La Rambla en la provincia de Córdoba, en Salar o La Zubia en la provincia de Granada y en las poblaciones de Cañada Rosal y Olivares en la provincia de Sevilla, entre otros muchos.

Los «reculos»

La elaboración de los farolillos de “melón reculo” como se les conoce en Olivares, había caído en el olvido y estaba abocada a la desaparición, en parte por encontrarse desplazadas por Halloween, aunque ambas pueden convivir.

Gracias a la iniciativa el año pasado de la Delegación de Patrimonio y Turismo de Olivares y a la aceptación y participación por parte de toda la población, se ha vuelto a recuperar esta tradición tan peculiar, pasando a ser de nuevo parte del patrimonio inmaterial y tradiciones.

En 2021 se pudo realizar, junto con un grupo de personas del Centro de Participación Activa, un video tutorial en el que se explica la elaboración paso a paso de los farolillos de melón.

Los que quedaban tras la poda

En Olivares reciben el nombre de “melones reculo”, aquellos melones que se cortan de la planta durante la poda. Hay que retroceder varias décadas para poder ver en Olivares a niños y niñas corriendo por las calles del pueblo, a oscuras, la noche de la víspera del 1 de noviembre con sus farolillos de melón encendidos, a modo de juguete.

Al terminar la noche, los farolillos se dejaban en los dinteles de las puertas y ventanas, siguiendo una tradición religiosa, sirviendo como ofrenda de luz a las ánimas benditas para ayudarles a alcanzar finalmente su destino del paraíso.

¿Por qué se usan melones?

Se aprovechaban los que, durante la poda de las plantas de melón, debían suprimirse al presentar daños, malformaciones, o un crecimiento anómalo y sobre todo para evitar el agotamiento de la planta, obteniendo así frutos de mejor calidad.

Estos melones que se desechaban, eran muchas veces usados como alimento para el ganado o incluso a veces usado en la elaboración de alimentos como el gazpacho, ya que poseían un cierto sabor a pepino.

Muchos otros por ser pequeños, eran utilizados para elaborar los farolillos de melón, con los que entretener a niños y niñas.

Para continuar apoyando esta tradición, se ha organizado un concurso, en el que se escogerán y premiarán los tres farolillos de melón que sean más originales. Las personas ganadoras se conocerán el 3 de noviembre a través de nuestras redes sociales oficiales.

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