Plácido González: “Después de casi tres años, somos shanghaineses de adopción”

Caracterizaría a la ciudad por su hambre de novedad. “Es una ciudad en evolución continua, calles enteras cambian su paisaje en cuestión de semanas en un ciclo inagotable. El hecho de que mute constantemente constituye un reto para lo que me dedico, que es la conservación de la arquitectura histórica”.

Plácido González Martínez con su mujer, Eva García Pascual, en la Gran Muralla China.
Plácido González Martínez con su mujer, Eva García Pascual, en la Gran Muralla China.

M. M. El arquitecto sevillano Plácido González Martínez (43 años) decidió dar el salto a China movido por cuestiones personales y profesionales. Reside en Shanghai, la mayor ciudad del país, donde es profesor en la Universidad Tongji, “donde doy clases, investigo y edito una revista sobre patrimonio”. Lleva instalado definitivamente en Shanghai desde junio de 2016, y después de casi tres años, junto con su mujer Eva, también arquitecta, se consideran “shanghaineses de adopción”. Anteriormente, se licenció, se doctoró e impartió clases en la Escuela de Arquitectura de Sevilla, y trabajó durante siete años en el Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico, investigando sobre arquitectura histórica.

Vecino de Ciudad Jardín, “y antes fui de Nervión, del Arenal, de Santa Catalina, del Polígono San Pablo y de Bami. Soy sevillano de nacimiento, aunque mis raíces son onubenses; de Huelva capital y Alosno”, explica Plácido, que nos cuenta que nació en Bami “y mis recuerdos de infancia están en el Polígono San Pablo”. Desde los nueve años hasta los diecisiete estudió en el Colegio San Francisco de Paula, “de donde sigo manteniendo íntimos amigos”. Su relación con Sevilla la siente como “intensa, allí viven mi familia y mi gente. Mi mujer, Eva, y yo tenemos una casa allí, a la que volvemos cada año y a la que consideramos nuestro ancla”.

-¿Cuál es tu formación y experiencia profesional?
-Soy arquitecto y urbanista por la Universidad de Sevilla. Me doctoré en arquitectura con una tesis sobre periferia urbana y memoria dirigida por mi mentor, Carlos García Vázquez, en el Departamento de Historia, Teoría y Composición Arquitectónicas. Un año después de acabar la carrera me incorporé a la Escuela de Arquitectura de Sevilla como profesor. En los inicios me dediqué también al diseño, colaborando primero como estudiante en la oficina de Rubiño, García Márquez y Rubiño, y ya como arquitecto, en el estudio de Antonio González Cordón, al que considero mi maestro. Continué esta experiencia práctica en el estudio que compartí con José Luis Sainz-Pardo, Isabel García Fernández y Miguel Chaves Gentil, donde hicimos concursos y obras que consiguieron reconocimientos nacionales e internacionales.

Desde 2005, decidí volcarme al estudio e investigación sobre arquitectura histórica, trabajando durante siete años en el Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico, una institución de referencia en la que pude colaborar con su anterior Director, Román Fernández Baca, y con expertos como Víctor Pérez Escolano, en proyectos de alcance local, autonómico y estatal. Éste fue un bagaje fundamental para posteriormente dar el salto a China, donde he continuado con mi vocación académica. Desde hace dos años y medio soy profesor en la Universidad Tongji, donde doy clases, investigo y edito una revista sobre patrimonio titulada Built Heritage.

– ¿Por qué decidiste irte fuera?
– Coincidieron de forma única motivos profesionales y personales. Profesionalmente, China ofrecía la oportunidad de desarrollar facetas de mi trabajo en unas condiciones excepcionales, en un entorno enormemente dinámico, por el que confluyen muchas ideas y energía. Y al mismo tiempo y con la misma importancia, la razón personal, porque mi mujer, Eva, llevaba varios años residiendo en Beijing y tomamos la decisión de resolver la cuestión de la distancia instalándonos en Shanghai.

– ¿Por qué ese lugar y no otro?
– Conocía Shanghai desde 2011, cuando fui a impartir un curso de verano conjunto entre la Universidad Tongji y la Universidad de Sevilla. China me fascinó desde el primer momento por su exotismo y su dinamismo. En 2012 volví a China, a la provincia de Sichuan, conociendo otra realidad del país, menos cosmopolita pero igualmente interesante y auténtica. En 2013, 2014 y 2015 volví a Shanghai por períodos más largos de tres meses para dar clases ya como profesor invitado a la Universidad Tongji. Ese fue el momento en que pude conocer mejor la institución, la ciudad, y las oportunidades que ambas ofrecían: no cabía duda que Shanghai era el sitio donde estar. También para mi esposa, que es arquitecta paisajista, las condiciones laborales son excepcionalmente buenas. Después de casi tres años, somos shanghaineses de adopción. Como decían los romanos; ubi bene, ibi patria, mi patria está allá donde vivo bien.




– ¿Es tu primera estancia en el extranjero?
– Pasé temporadas en Inglaterra e Irlanda, estudié en Alemania por un año y fui profesor en Estados Unidos.

Plácido González Martínez con el equipo del Plan Gaofeng en la Universidad Tongji: Dr. Benjamin Mouton (centro), Dr. Chang Qing (centro izquierda), Dra. Li Yingchun (derecha), Mr. Zhu Donghai (izquierda)
Plácido González Martínez con el equipo del Plan Gaofeng en la Universidad Tongji: Dr. Benjamin Mouton (centro), Dr. Chang Qing (centro izquierda), Dra. Li Yingchun (derecha), Mr. Zhu Donghai (izquierda).

– ¿Cuál es tu lugar de residencia? ¿Dónde vives? ¿Cómo es esta ciudad?
– Vivo en Shanghai, en el entorno de la Universidad Jiaotong, al oeste de la ciudad. Es la mayor ciudad de China, con 24 millones de habitantes y una variedad humana excepcional. La cultura material del lugar se vincula a la industria; la región de Shanghai producía algodón en vez de arroz, y sus fábricas textiles vestían a todo el Imperio desde la dinastía Ming en el siglo XIV. Eso le dio un carácter emprendedor, abierto al mundo, que atrajo posteriormente a ingleses, franceses, estadounidenses, japoneses durante la época de las Concesiones dejando una impronta rara en China, de mezcla entre Oriente y Occidente. Eso se manifiesta en su cultura, en su paisaje urbano, en su dialecto, en su comida. Caracterizaría a la ciudad por su hambre de novedad. Es una ciudad en evolución continua, calles enteras cambian su paisaje en cuestión de semanas en un ciclo inagotable. El hecho de que mute constantemente constituye un reto para lo que me dedico, que es la conservación de la arquitectura histórica, y el motivo por el que considero tan atractiva la posibilidad de trabajar aquí. Un lugar donde la única tradición es la del cambio.

– ¿Cómo fueron tus primeros días allí?
– Recuerdo aquellos días de junio, cuando Eva y yo llegamos a Shanghai, cada uno con 50 kilos de equipaje, y nos instalamos en el hotel al lado de la Universidad hasta que encontramos piso, en lo que fue la primera epopeya china. Recuerdo sensaciones: calor, humedad, desorden y la felicidad enorme que trae la consciencia de estar empezando un nuevo camino.

– ¿Cuál era tu nivel de idiomas al llegar?
– Hablo inglés, francés y alemán. Había estudiado algo de chino antes de llegar. Después de casi tres años de estancia y muchas horas de estudio, domino el idioma para desenvolverme en la vida diaria.

– ¿Cuál es tu balance de la experiencia?
– Las expectativas profesionales y personales que me trajeron aquí han sido más que satisfechas. Y siempre pienso que lo mejor está aún por llegar.

– ¿Cuáles son, a tu parecer, los pros y contras de vivir en el extranjero?
– Los pros, todos: la posibilidad de estar en una ciudad con una altísima calidad de vida, y condiciones excepcionales para el desarrollo de mi trabajo. Lo único negativo es la distancia de la familia.

– ¿Cuáles son los principales obstáculos que has tenido que superar en este tiempo?
– La adaptación a la cultura china y a la idiosincrasia del lugar lleva tiempo, paciencia y respeto. China no es un lugar donde la gente se detenga en los obstáculos; simplemente los rodean o se pasa sobre ellos. En ese sentido, la clave para vivir en China la dio Bruce Lee hace tiempo cuando dijo “be water, my friend”: es un medio en el que hay que fluir porque todo cambia a cada instante.

– ¿Cómo es vivir ahí? ¿Es muy diferente a España?
– Extremadamente fácil. Shanghai es la ciudad china que ha cultivado de manera más intensa el contacto con Occidente, y eso se nota: en ella vivimos un total de 250.000 extranjeros, de edades entre 25 y 55 años y dedicados a profesiones fundamentalmente creativas y de servicios, con muchos intereses compartidos. Trasladas esa franja de población a Europa y es equivalente a la de una ciudad media como Lyon, Hamburgo o Milán. El nivel de desarrollo infraestructural es prácticamente equiparable al de países avanzados como Japón o Alemania. En cualquier caso, las diferencias entre China y España son importantes en otras cuestiones, por ejemplo, en cómo se organiza la sociedad, que es marcadamente jerárquica, y la política. Respecto a eso, es necesario recordar siempre que los extranjeros aquí somos invitados.

– Cuéntanos alguna anécdota que te haya ocurrido durante tu estancia
– Esta pregunta me recuerda que he de empezar a escribir el libro de anécdotas. Prácticamente cada día tiene una, aunque siempre es necesario pensar que viviendo en China, los auténticamente extraños somos nosotros. La primera que recuerdo es del día que fui al hospital y el enfermero que me estuvo atendiendo durante una hora tenía un cangrejo vivo en la mano. Sigo sin saber por qué. El libro de anécdotas tendría una sección especial para buscar piso en Shanghai: podría sentarme como el Replicante al final de Blade Runner, y decir: ‘he visto naves ardiendo más allá de Orión…y me he mudado tres veces en Shanghai’.

– ¿Y sus habitantes, cómo son?
– La gente de Shanghai es acogedora, generosa, curiosa, laboriosa y emprendedora. Hay una palabra china, hai pai, que se puede traducir como cosmopolita en español, y que los shanghaineses usan orgullosamente para describir su cultura. El resto de China ve Shanghai desde fuera como un lugar enormemente abierto, aunque también critican que esa apertura les hace aceptar sin reservas todo lo que llega de fuera sin recordar la esencia de China. Es una ciudad de contrastes enormes; con un nivel de sofisticación extremo por un lado, y por otro, con graves problemas habitacionales aún por resolver. Pero si algo une a la gente aquí es: la confianza en el futuro, en que se puede prosperar.

– ¿Como es un día cualquiera de tu vida en el lugar donde vives ahora?
La rutina de trabajo tiene jornadas largas; de 9:00 de la mañana a 7:00 u 8:00 de la tarde, con una parada de 30 minutos para almorzar. Invierto 50 minutos en cada trayecto en metro desde mi casa hasta la oficina, que empleo en estudiar chino. Viajo bastante, y cuando estoy en la Universidad he de atender a reuniones constantes, clases, emails…también mi esposa y yo procuramos guardar tiempo al final del día para pasear o ir a cenar con amigos o gente que recibimos de visita. Los fines de semana procuramos andar por la ciudad; siempre ofrece algo que ver o que hacer.

– ¿Cuál es tu lugar favorito de tu nueva ciudad? ¿Y de la provincia de Sevilla?
Nos gusta explorar miradores en los edificios altos de la ciudad; Shanghai es una ciudad muy pintoresca, vertical y densa. De los barrios de la ciudad, la antigua concesión francesa, especialmente el área de Anfu Road, y también la zona de Jiaotong University, donde vivimos, es de las más vivas de la ciudad. De vuelta a España, mi lugar favorito de la provincia de Sevilla es la capital; y en ella, el río y el barrio del Arenal.

– ¿Cuál es la imagen que tienen de España?
De España se conoce en China el fútbol y los toros. Pienso que sería interesante que desde España se trabajase en mostrar lo que hay más allá de los estereotipos. Por ejemplo y en el campo en el que me muevo, la arquitectura española es enormemente valorada por académicos y profesionales chinos.

– ¿Qué estás haciendo en estos momentos?
– Participo como experto internacional en un proyecto de investigación sobre conservación de patrimonio financiado por la Municipalidad de Shanghai, llamado Gaofeng. En la Universidad Tongji, que es la más prestigiosa en China en materia de urbanismo y arquitectura, imparto clases e investigo sobre conservación del patrimonio urbano en Shanghai y sobre patrimonio del siglo XX en China. Como miembro internacional de mi equipo, mi trabajo se orienta especialmente a la difusión del conocimiento sobre patrimonio, bien organizando reuniones científicas y congresos, bien editando la revista Built Heritage, revista internacional de patrimonio que publica la Universidad Tongji. Por otro lado, soy miembro de la ejecutiva de una asociación internacional, la Association of Critical Heritage Studies, desde la que impulsamos el desarrollo del pensamiento crítico en materia de patrimonio, y en especial, el estudio de las relaciones de poder que conforman nuestra visión sobre el pasado.

– ¿Te has marcado algún nuevo objetivo o reto?
– Mi objetivo es situar la revista que edito entre las mejores publicaciones científicas en este campo. Mi reto con ello es ofrecer una visión alternativa sobre la conservación y la revitalización del patrimonio construido, que emane desde China y que tenga proyección internacional. Mi carrera de fondo en China es seguir avanzando en el conocimiento del idioma y la cultura, que son inagotables.

Plácido González Martínez con sus padres, Santiago González Salguero y María Antonia Martínez García.
Plácido González Martínez con sus padres, Santiago González Salguero y María Antonia Martínez García.

– ¿Qué piensa tu familia y amigos de tu aventura?
– Habría que preguntarles a ellos. Nos extrañamos por la distancia, aunque lo que me consta es que están contentos de que yo esté contento.

– ¿Cuáles son tus planes futuros?
– He renovado contrato por otros tres años, con lo que continuaré avanzando en el proyecto profesional y personal que he arrancado en China.

– ¿Piensas volver a España, a Sevilla, en breve?
Vuelvo en una semana para el nacimiento de mi primer hijo y pasar las Navidades por primera vez en tres años. Tras unas semanas de adaptación a la nueva vida, regresaremos los tres a Shanghai. Continuaremos en China mientras las condiciones de vida y de trabajo sigan siendo buenas.

– ¿Qué es lo que más echas de menos de Sevilla?
– La familia, salir de tapas, tener la playa a una hora de coche…y la Feria.

– ¿Recomiendas a todo el mundo que viva un tiempo fuera de España? ¿Por qué?
– Cada persona ha de encontrar su lugar, dentro o fuera de España. A quien en España no vea opciones a progresar, sí se lo recomiendo. La razón, que el mundo es muy ancho y está lleno de oportunidades.

– Para terminar: un mensaje a los sevillanos.
– Que sean exigentes y que sueñen.

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