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Reinventarse, en ocasiones, da frutos maravillosos

En la imagen, la emprendedora Tatiana García Resenberg. / Foto: Fermín Cabanillas.
En la imagen, la emprendedora Tatiana García Resenberg. / Foto: Fermín Cabanillas.
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En la imagen, la emprendedora Tatiana García Resenberg.
En la imagen, la emprendedora Tatiana García Resenberg.

Fermín Cabanillas. Años después de los duros azotes de la crisis, nos encontramos en la actualidad con proyectos que se mantienen, que se afianzan y crecen, y que surgieron de la reinvención de sus promotores, emprendedores y emprendedoras valientes, como Tatiana García Resenberg (Barcelona, 1973), que pasó hace siete años de diseñar calzado para la alta costura de Milán a vender el fruto de la tierra que trabaja a diario para restaurantes y tiendas selectas.

“Estudié diseño de moda y me especialicé en calzado, trabajando en empresas bastante importantes. Entre otros lugares, estuve trabajando en Milán y luego en empresas de Ubrique con el tema del cuero, hasta que decidí montar mi propio negocio, que era de importación de artesanías de Suramérica, pero siempre tenía el hobby de las plantas, y en esto que comprobé que, con la crisis, los precios no cuadraban”, explica Tatiana. Nació “en Barcelona, mi madre es medio alemana y medio americana, he vivido en Colombia, Barcelona, Málaga, Italia… hasta recalar en La Puebla del Río donde cultivo, por ejemplo, flores comestibles, hierbas aromáticas, verduras y frutas, orientándome siempre a cosas diferentes, especies, raras, tras viajar por todo el mundo y gustarme mucho la cocina y experimentar”.



Restaurantes, particulares y tiendas especializadas, consumen ahora sus productos y todo gracias a una de esas historias que han nacido gracias a la necesidad de reinventar la vida profesional y personal por culpa de la crisis económica: La reinvención la hizo efectiva en los terrenos que rodean su casa de la localidad sevillana, “cuando pensé que tenía la tierra suficiente y que en un restaurante yo veía cosas que yo tenía mejores, de modo que empecé mi actividad comercial, pasando a trabajar profesionalmente lo que hasta entonces era un pequeño huerto”.

En la imagen, las tierras en las que desarrolla su trabajo. / Foto: Fermín Cabanillas.
En la imagen, las tierras en las que desarrolla su trabajo. / Foto: Fermín Cabanillas.

Tatiana nos muestra el fruto de su trabajo en las cuatro hectáreas de tierras en las que saca adelante a diario distintos productos de “gastrobotánica”. De sus manos y su investigación salen variedades olvidadas o nuevos componentes de raíces, tallos, hojas, flores, frutos o semillas para su uso y aplicación en cocina, con la premisa de ser un referente a la hora de cultivar flores comestibles, entre otros productos.



Con el esfuerzo del día a día, de sus manos han sido saliendo guisantes lágrimas, verduras baby, fresas, berenjenas baby, tomates mejicanos, nopales, ajos de elefantes, pepinos redondos o flores comestibles, que van a parar a sus clientes de Sevilla capital y el Aljarafe sevillano, donde se encuentran sus destinos más habituales, mientras que también tiene clientes en Madrid y la localidad malagueña de Ronda.

Siete años después de comenzar con este proyecto, toda su vida se centra en sus tierras y sus productos, “que sacamos adelante siempre en ecológico”. Tatiana trabaja bajo encargos de sus clientes, y cada día vuelve a empezar.

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