Sagas sevillanas

Se extienden en el tiempo, a veces con corta duración, de padre a hijo; otras, formando una cadena de mayor amplitud. Montoto, Machado, Font, Chaves, Roldán o Álvarez Quintero son apellidos que conforman esas historias sevillanas que hilan el pasado con el presente.

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Familia Machado
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Virginia López. Hay apellidos que se perpetúan en la Historia de Sevilla, especialmente en el ámbito cultural. En otros países suelen estar ligados al ámbito financiero y empresarial.

Forman curiosas sagas que se extienden en el tiempo, a veces con corta duración, de padre a hijo; otras, formando una cadena de mayor amplitud. No se les conoce así: ésta es una expresión que se me antoja recordando las famosas sagas escandinavas.

En el caso de Sevilla, haré un somero repaso de aquellas personas que comparten oficio y vínculo familiar y con las que en ocasiones se confunde su parentesco.

Luís y Santiago Montoto.

Por ejemplo, quién es el padre y quién es el hijo de los Montoto. Luis Montoto Rautenstrauch (Sevilla, 1851-1929) fue un escritor. Era hijo de José María Montoto López-Vigil, menos conocido pese a sus facetas de historiador y periodista. El hijo de Luis Montoto es Santiago Montoto de las Sedas (Sevilla, 1890-1973) quien siguió la huella paterna en su interés por el folklore local.

En los últimos años se ha difundido la figura del abuelo de los Machado, siendo el padre de éstos levemente conocido, dado que la fama se focaliza en el poeta, Antonio, obviando al también escritor sevillano, Manuel. Antonio Machado Núñez (Cádiz, 1815-Madrid, 1896) fue un ilustre científico, introductor de las teorías darwinistas en España.

Antonio Machado Núñez.

Ejerció también la medicina y diversos cargos como Gobernador Civil y Rector de la Universidad de Sevilla. Ha sido esta institución la que ha recuperado su figura al bautizar con el nombre “Rector Machado” la nueva Biblioteca Universitaria. Su hijo fue el folklorista Antonio Machado Álvarez que utilizó el seudónimo Demófilo (“amante del pueblo”).

Casado con  la trianera Ana Ruiz – un azulejo la recuerda en la calle Betis – a la que conoció en el Puente de Triana contemplando unos delfines, tuvieron seis hijos. Manuel Machado Ruiz nació en 1874 en la calle San Pedro Mártir y al año siguiente en el Palacio de las Dueñas nace Antonio, circunstancia asaz conocida al poetizar sus recuerdos infantiles. Hasta el fin de sus días: “Estos días azules y este sol de la infancia…”.

Los hermanos Manuel y Antonio Machado, de niños.

Mucho menos conocidas son las facetas literarias y pictóricas de los hermanos Francisco y José. Joaquín es el único no artista y la benjamina, Cipriana, murió con 14 años.

Mención aparte merece Cipriana Álvarez Durán, casada con Antonio Machado Núñez y abuela, por tanto, de los Hermanos Machado. Nacida en 1828 en Extremadura, era hija de un militar escritor y sobrina de un folkorista, de los que heredó su gusto por el conocimiento y la conservación de las tradiciones populares.

Cipriana Álvarez Duarte.

Una corriente propia del Romanticismo que se expande por toda Europa y que en España tendrá entusiastas seguidores.

Cuando recala en Llerena será conocida con el bonito apelativo de “La Mujer de los Cuentos” pues no habrá habitante, especialmente niño y anciano, con el que ella no haya hablado, recogiendo el acervo del lugar. Pero además fue una destacada pintora cuya obra ha permanecido, por desgracia, en el olvido.

El año pasado se celebró el centenario de Amarguras, la bellísima marcha de Semana Santa de Font de Anta. Pero de cuál, habría que preguntarse, porque tradicionalmente se adjudicaba a Manuel, pero se habla que es obra de su hermano José.

Hermanos Font de Anta.

El iniciador de la saga es José Font Marimont (Gerona, 1840-Sevilla, 1898) afincado en Andalucía desde 1876. Fue director de Soria 9 y autor de diversas obras, sobresaliendo la marcha Quinta Angustia que establece el canon de estructura en las mismas. Su hijo es Manuel Font Fernández de la Herranz (Málaga, 1862-Sevilla, 1943). Destacó como violinista e impulsó la creación de la Banda Municipal de Sevilla cuyos orígenes radica en la del Asilo Hogar San Fernando, de la calle Alhóndiga.

Sus hijos son Manuel (Sevilla, 1889-Madrid, 1936) y José (Sevilla, 1892-1988). Tan diferentes de carácter como unidos en la música.

La Glorieta dedicada a los hermanos Álvarez Quintero en el Parque de María Luisa. Un azulejo con el barco representa su lema: “Un mismo aliento impulsa dos velas”.

Según Pepe Fuentes, el documental “Un siglo de Amarguras” no aporta una prueba definitiva de autoría de la celebérrima marcha. Así, él concluye con una doble autoría: administrativa por parte de José en el registro y sentimental por parte de Manuel en la partitura conservada por la hermandad. Todo un logro de Mario Rodríguez Balbontín ha sido localizar a las nietas de Manuel, arrojando luz a esa cerrada urdimbre tejida en torno a la vida y la muerte de Manuel Font de Anta: ensalzado por su asesinato y encubierta su familia por relaciones extramatrimoniales.

Si hay una pareja de hermanos que se caracteriza por una total afinidad confundiéndose donde empieza uno y donde termina otro es la de Serafín (Utrera, 1871-Madrid, 1938) y Joaquín (Utrera, 1873-Madrid 1944) Álvarez Quintero hasta el punto de que Joaquín firmó sus últimas obras con el nombre de ambos.

Los Hermanos Álvarez Quintero impulsaron el homenaje de Bécquer.

Dado el carácter gremial que tenían los oficios relacionados con las artes plásticas durante el Renacimiento y el Barroco, era costumbre que las hijas de los maestros se casaran con los mejores aprendices de éstos, convirtiéndose en suegros y yernos. El caso más conocido es el de Velázquez, discípulo y yerno de Francisco Pacheco al casarse con su hija Juana y maestro y suegro de Martínez del Mazo, casado con su primogénita, Francisca. Al mismo tiempo Velázquez representa la excepción de desarrollar una genialidad artística en una familia donde ningún miembro se dedicara a las artes.

Dos de las sagas de artistas más conocidas e importantes son las de los Roldán y los Figueroa. El escultor Pedro Roldán y Onieva (Sevilla, 1624-Sevilla, 1699) casó con Teresa de Ortega y Villavicencio que pudo ser pariente de su maestro Alonso de Mena. En su taller trabajaron dos sobrinos y varios hijos e hijas, además de yernos. Sus hijas Francisca y Luisa son paradigma del papel de la mujer entonces: resignada a seguir las directrices de padre y marido o independiente con criterio propio.

Francisca siempre permaneció en el taller y no se conoce obra propia. Casó con el escultor José Felipe Duque Cornejo y su hijo es el maestro Pedro Duque Cornejo, el mejor seguidor de la saga, con permiso de Luisa Roldán apodada “La Roldana”. Ésta casó con el también escultor Luis Antonio de los Arcos cuyo carácter de tarambana arruinaba muchos encargos y propició la pobreza de la familia. Huyó Luisa del taller casándose en secreto y arrastrando una vida desdichada pese a triunfar en Cádiz y en la corte de la Regente Mariana de Austria.

María Josefa Roldán también fue escultora y casó con el escultor Matías de Bruneque. Isabel Roldán era la ahijada del pintor Juan Valdés Leal cuyo hijo fue el pintor Lucas Valdés. Marcelino José Roldán sucedió a su padre en la dirección del taller junto a sus hijos Jerónimo y Diego Roldán y Serrallonga. Y el benjamín Pedro de Santa María Roldán también fue escultor pero sin éxito.

El arquitecto Juan Manuel Higuera Meléndez descubrió en 2015 la formación sevillana de Leonardo de Figueroa (Utiel, ca. 1654-Sevilla, 1730), porque hasta entonces se pensaba que se había formado en Antequera y que vino de joven pero sus hallazgos en el Archivo de Protocolos demostraron que ya con diez años residía en Sevilla. Sus hijos fueron Ambrosio (Sevilla, 1702-1775) cuyo cuarto hijo, Antonio de Figueroa (Sevilla, 1733-1793) también fue alarife, y Matías (Sevilla, 1698-1765). Durante un tiempo se confundió a tío y sobrino.

Blanca de los Ríos.

Otras sagas en el mundo literario son la de Manuel Chaves Rey (Sevilla, 1870-1914) y su hijo Manuel Chaves Nogales (Sevilla, 1897-Londres, 1944) y la de Joaquín Guichot Parody (Madrid, 1820-Sevilla, 1906), su hijo Alejandro Guichot y Sierra (Sevilla, 1859-1941) y su nieto Joaquín Guichot y Barrera. O la del arqueólogo José Amador de los Ríos (Baena, 1816-Sevilla, 1878) cuyo hermano fue el arquitecto Demetrio de los Ríos (Baena, 1827-León, 1892) casado con la pintora María Teresa Nostench y padres de la escritora Blanca de los Ríos (Sevilla, 1859-Madrid, 1956).

En el mundo del flamenco también ha habido grandes sagas, así como en otras manifestaciones artísticas como el mundo del bordado o la orfebrería.

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