Sanlúcar la Mayor se desvive por su belén

Más de 7.000 personas acuden a la inauguración de este belén viviente de la hermandad del Santo Entierro, que en solo cinco años se ha convertido en cita obligada en estas fechas.

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Carmen Prieto. Este año lo han tenido un poco más difícil. El cambio de terreno cuando tocaba empezar a preparar todo obligaba a replantear las escenas, la distribución, la organización. Pero en un tiempo récord, en apenas dos meses, los responsables de la hermandad del Santo Entierro de Sanlúcar la Mayor y, en particular, los encargados del belén viviente han vuelto a conseguirlo. Miles de personas visitaron en su primera jornada este pesebre que ocupa 12.000 metros cuadrados (aunque el nuevo terreno es casi el doble, lo que permitirá ampliarlo en próximas ediciones) y supone recorrer 700 metros lineales.

En la taquilla, se vendieron este jueves 3.000 entradas, a dos euros (se paga a partir de los dos años), “pero mucha gente la compra antes”, según explica Juan Manuel Macías, uno de los encargados de la organización. Sus cálculos llegaban hasta las 7.000-8.000 personas, “el 96% viene de fuera” en apenas tres horas. El atasco para acceder a Sanlúcar la Mayor desde la A49 y las dificultades para encontrar aparcamiento (los solares especialmente habilitados para estos días se llenaron rápidamente) confirman estos datos. Además, de la larguísima cola que se formó tras el pasacalles. Muchos empezaron la espera en la parte alta de la calle José Álvarez que, pese a que da directamente a la plaza de San Pedro, donde se encuentra la capilla de la hermandad, obligaba a zigzaguear por la calle Marquesa Viuda de Saltillo, para llegar casi una hora después al arco de acceso al belén. Y todo apunta a que el ritmo de visitas no va a bajar: “Hay reservados 25 autobuses” para los cuatro días de este puente y el próximo fin de semana, 15 y 16 de diciembre, cuando se clausurará esta quinta edición, en horario de 16.30 a 20.30 horas. Y lo cierto es que merece la pena.

El pasacalles arrancaba a las 16.30 horas. Los 400 figurantes de todas las edades que participan en esta recreación de la ciudad israelí donde nació Jesús hace más de 2.000 años, acompañados por sus animales, invitaban a todos: “Nos vemos en Belén”, mientras nevaba en la plaza Virgen de los Reyes, ante el Ayuntamiento y los puestos del mercadillo que rodea el árbol de Navidad hacían su particular agosto. La mayor ovación se la llevaban los Reyes Magos, que a Sanlúcar la Mayor llegan a caballo.

Llegados a este particular Belén, cada uno ocupó su lugar. El castillo de Herodes, la guardia romana, a la que abucheaban los israelitas desde sus puestos, el Sanedrín reunido en el interior de la desacralizada -y lamentablemente semiabandonada- iglesia de San Pedro, custodiada por la guardia judía; el escribano que pacientemente recogió el nombre de todos los niños que se le acercaban en su papiro, escritos con pluma y en griego, “la lengua culta en aquel tiempo”, explicaba; el mercado y sus pequeñas pescaderas animando: “¡Pescado fresco, recién pescado en el Jordán!”; los agricultores, los pastores, los alfareros, el posadero repartiendo vino… distribuidos a lo largo de un lienzo de la antigua muralla, que contribuye a darle más realismo a la escena.

En el centro del poblado, en la casa más sencilla, una familia de cuatro miembros (un matrimonio con sus dos hijos) representaba aquel nacimiento. El ángel, que ya tuvo la oportunidad de ser el Niño Jesús en la segunda edición de este belén viviente, ha cedido el puesto a su hermano, el pequeño Manuel, que, en brazos de su madre, se fue quedando dormido con los cantos que le dedicaron el Coro de campanilleros de la Soledad de Hinojos, “uno de los muchos que pasan por aquí estos días”. Cuando el bebé cayó rendido, para no despertarlo, se fueron a cantar a los Reyes Magos, donde los niños guardaban nuevamente cola para fotografiarse con sus majestades de Oriente.

Cuando hace cinco años, un grupo de hermanos lanzó la idea de montar este belén viviente surgieron muchas reticencias, pero, sobre todo, “jamás se imaginaron este éxito”. Juan Carlos de la Vega, uno de aquellos pioneros, asegura que calcularon unas 4.000 visitas y registraron 10.100. Desde entonces no ha parado de crecer hasta alcanzar los 30.000 el año pasado, con “días como el de este jueves”.




Los beneficios de esta iniciativa, una vez restados los gastos en decorado, del terreno… se destinan a las necesidades de la hermandad y a la Bolsa de Caridad de la corporación y a Cáritas parroquial.

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