15 julio 2024
Hospital Sagrado Corazón

Solitaria vuelta al ruedo para Urdiales, con un pésimo encierro de Juan Pedro Domecq

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Los toros de Juan Pedro decepcionaron a los asistentes a la octava de abono. 

Juan Manuel Pérez Alarcón. A la empresa de la Plaza de Toros de Sevilla hay que reconocerle que este año el abono taurino ha estado perfectamente estructurado y sus carteles, con algunos matices, estaban elaborados para que la gente viniese al coso del Baratillo, al menos, un par de veces en la feria. Hoy era el día colocado en rojo en el calendario donde el gran público y aficionado tenía el interés en la composición de la terna. Tres toreros que por muchas razones «esconden» algo que hace que los aficionados de los toros tuvieran predilección por esta tarde. De ahí que el lleno estuviera asegurado desde hace semanas.

Lo que ocurre es que la corrida de toros anunciada de Juan Pedro Domecq/Parladé, en la que la empresa contrata «per se», y las figuras del toreo suspiran por sus toros, no dejó que la gente se fuera contenta a sus hogares, sino todo lo contrario, aburridos y cabreados algunos por el mal juego desarrollado y la gran invalidez (y mansedumbre) de los toros que salieron por chiqueros. Tarde de detalles pero poco más. Lo peor de todo es que esta ganadería, por muy mal que esté, el año que viene continuará anunciada. Al tiempo.

Morante de la Puebla recibió con suaves verónicas, muy lentas al primero de su lote que salió sin fijeza de chiqueros y manseando en los primeros tercios. Tras la suerte de varas el toro acusó el castigo (poca bravura en el caballo por cierto) y toda la lidia perdió intensidad. El de La Puebla planteó una faena pinturera de medios pases y detalles ante un animal que pedía una camilla de campamento.

Tras mandar Morante regar el albero tras la finalización del tercer toro, con el sobrero que hizo cuarto bis, tampoco tuvo suerte, con un toro que tuvo poca condición y nula clase. Mansito y descastado realizó lo más destacado en zona de chiqueros con alguna serie voluntariosa y donde porfió con series ajustadas, que tuvieron eco. Morante por encima del toro, y motivado pero faltaba materia prima. Su actitud, siempre cruzado y en su sitio, con algunos pases muy ajustados, el diestro justificada su tarde. Su actuación fue recompensada con una fuerte ovación.

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Diego Urdiales recibió con prontitud a la verónica al segundo, con ese toreo clásico y con dos medias verónicas que tuvieron sabor añejo. El quite tampoco fue malo por verónicas que fue muy jaleado por el público. Tercio de varas discreto con un animal que nunca apretó. Bravura la justa. Saludó en banderillas Victor Saugar «Pirri». El de Arnedo intentó hacerle las cosas despacio e intentando bajarle la mano pero el de Juan Pedro en cuanto se le bajaba la mano perdía las manos. Faena de enfermero con pases sueltos y con una serie de naturales de un empaque sensacional. Los trincherazos y cambios de mano tuvieron su importancia y torería. Tras una estocada algo trasera y desprendida recibió una calurosa ovación tras leve petición de oreja, y con un público entregado tomó la decisión de dar una vuelta al ruedo por su cuenta y riesgo.

Con el quinto, otro toro desrazado, flojo en donde Urdiales tampoco tuvo oponente para el éxito. En el caballo peleó como manso y en la muleta llegó protestando y queriendo coger los engaños. A pesar de todo, Urdiales lo intentó sin sacar algo positivo.

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José María Manzanares tuvo primer oponente escaso de raza que manseó en los trasteos iniciales y que nunca se entregó en la faena. Tampoco el torero le cogió el aire al toro y las tandas pausadas, mecánicas y algo desnaturalizadas del toreo clásico. Con la espada se entretuvo algo y fue silenciada su labor.

Con el que cerraba el tedio y aburrido festejo, Manzanares apenas pudo lucirlo. Buen tercio de varas a cargo de Pedro Morales «Chocolate» con un toro que tomó fuerza tras los pares de banderillas de Daniel Duarte. El diestro empezó con probaturas, con series desajustadas, pero con ese empaque que lleva dentro y tanto gusta a la afición de Sevilla sus tandas se jaleaban con autentica devoción.  Series basadas en tres derechazos y el de pecho se fueron sucediendo y ligando con alguna serie estimable al natural. Faena venida a menos con un toro que se fue rajando a tablas.

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