Una torrija diferente para cada día de Cuaresma

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Las torrijas ya no sólo se hacen frita, sino que se pueden disfrutar a la plancha
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Las torrijas ya no sólo se hacen frita, sino que se pueden disfrutar a la plancha.

M. Carmen Contreras. De leche, de vino, en salmuera, con pan de molde, de pan de pueblo, con relleno, con cobertura de chocolate, en forma de cremoso helado… y sin pasar por alto las de cobertura de miel, que, año tras año, nos acompañan durante estas fechas en multitud de escaparates y hogares sevillanos. Todos estos ingredientes, aunque parezca mentira, se pueden encontrar ahora en algo que parecía ceñido a poco más que pan, miel y cariño: las torrijas.

Y es que, hasta las cosas más tradicionales comienzan a innovar buscando nuevos horizontes. Es por eso que el dulce protagonista de la Semana Santa no se iba a quedar atrás, y muchísimos reposteros de la provincia sevillana experimentan con nuevos sabores y nuevas texturas, con las que sorprender a los paladares más exigentes y exquisitos, haciendo las delicias de todos y cada uno de ellos.

Torrijas a la plancha. Uno de los pioneros en la búsqueda y elaboración de nuevos sabores para estos dulces típicos de Cuaresma es Jorge Hurtado, confitero de Suite Cake, pastelería situada en una plaza peatonal en el barrio de Viapol en Sevilla, quien aplica una receta de pan a la plancha, en lugar de frito, consiguiendo, de esta manera, innovar en un producto que parecía inmodificable desde hacía 2.000 años.

Hurtado elabora sus torrijas “con un pan de pueblo, no de torrija, que se moja en leche, nata, alcohol, se le pone huevo, se pasa por azúcar y canela y se pone a la plancha”. Minutos después, éstas pasan directas al expositor de pastelería, para añadirles, posteriormente, “chocolate, nutella casera, crema de almendras con base de crema pastelera, yema tostada o cualquier cosa que la consistencia del pan pueda aguantar”, precisa.

La innovación llega a la Cuaresma, igual que a los helados, en varias épocas del año.

Jorge Hurtado indica que, no obstante, “hay clientes que la piden sin nada encima, sólo con la base de pan que sale de la plancha”. El único inconveniente que los creadores de la idea apostillan es que, al no llevar miel, “se resecan un poco más, pero la verdad es que no da tiempo, porque esto es una locura cuando llega la Semana Santa”.

Por su parte, la confitería Virgen del Valle de Dos Hermanas va más allá y ha creado las “tarta-torrijas”, que no son otra cosa que una torrija de vino como base del pastel, que es como las elaboran en este obrador, a las que se le añaden desde tocino de cielo, kit-kat, filipinos o galletas Oreo, entre otros toppings, pasando por fresas, siendo ésta la composición más demandada, y sin dejar atrás nata montada, una peineta de barquillo y sirope de chocolate. Tal es su éxito que cada fin de semana pueden llegar a vender unas 150 unidades de estas “tartas” que, este año, con la llegada del incienso, se ha desvelado como uno de sus productos estrella.

Helados de Cuaresma. Joaquín Liria es otro de los que apuestan por la innovación en la gastronomía dulce de Cuaresma, pero en su local no destacan las diferentes texturas, colores o formas de las torrijas, sino que lo hacen los diferentes sabores de sus cremosos helados, y, los de piñonate, pestiño y, sobre todo, torrija son los más consumidos desde el Miércoles de Ceniza y durante más de 40 días, en la heladería artesana La Fiorentina de la calle Zaragoza de Sevilla.

Con todo, la Semana Santa se ha convertido en una época en la que, además de disfrutar en la calle con las diferentes cofradías, también se hace de manera gastronómica.

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