El esclavo de Velázquez que terminó siendo un excelente pintor: 350 aniversario de la muerte de Juan de Pareja

Envuelto en un áurea de misterio, sevillano o antequerano y estrecho colaborador de Velázquez. lo que si ha dejado claro la historia es su indiscutible condición de artista.

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1825
Retrato de Juan de Pareja, realizado por Velázquez.
clinica santa isabel

Virginia López. En este año que encara ya su recta final, muchos están deseando arrancar el 2020 del calendario, se cumple el 350º Aniversario de la muerte de Juan de Pareja, conocido por ser el esclavo de Velázquez, que lo retrató y liberó, pudiendo ejercer de pintor.

Pese a tener tal origen y retrato – con cuya imagen se ha podido identificar un autorretrato suyo – la biografía de este singular artista apenas es bosquejada en unas líneas, desconociéndose gran parte de la misma.

Retrato del arquitecto José Ratés Dalmau, óleo sobre lienzo (116 x 97 cm.), Museo de Bellas Artes de Valencia.

Por ejemplo, el año 1670 se toma aproximadamente como el de su muerte y se desconocen fecha y lugar.

Nunca está de más reconocer su valía, recalcar la toma de consciencia que hay que hacer ante los obstáculos, impedimentos y discriminaciones que pudo soportar y celebrar que, pese a todo ello, nos hayan llegado su nombre, su rostro y su obra.

El dedicarle este artículo, más allá de la efemérides, es por su condición de andaluz además de que estoy vinculada a las I Jornadas Velazqueñas de la Universidad de Sevilla cuyo libro se publicará en breve bajo la coordinación del Profesor Adolfo Gandarillas, promotor de las mismas. Desde aquí quiero felicitarle por su propósito de que anualmente se conmemore la figura de Velázquez en su ciudad natal en torno al 14 de marzo, fecha en que aprobó su examen como pintor.

La Gallega, atruibuido en 2017 por Jonathan Brown.

Antes de dar a conocer su biografía, quiero señalar las descripciones que dos críticos de arte, coetáneo suyo y actual, dieron de él. Uniendo ambas descripciones, física y etérea, conforman una perfecta simbiosis, difícil de soslayar.

Palomino dijo que era morisco: “de generación mestiza y de color extraño”. E Iván Panduro señala que “Si tuviéramos que destacar un rostro reconocible en el taller de Velázquez éste, sin duda, sería el de Juan de Pareja.

Se dice que nació en 1606 ó 1610 en Antequera pero podrían ser paisanos pues se apunta que nació en Sevilla, aunque hay quien lo descarta categóricamente. A veces se ha confundido con un tal “Juan de Pareja, pintor” que desde Sevilla solicitó en 1630, permiso para pasar a Madrid y continuar allí sus estudios de pintura junto a su hermano Jusepe.

La vocación de San Mateo, donde Juan de Pareja se autorretrata.

Se desconoce por completo el origen de la posesión, si Velázquez lo compró o le llegó por herencia. Si lo conoció en Sevilla y se lo llevó a la corte o lo conoció allí.

La primera constancia documental fehaciente que hay sobre su vida es su papel de testigo en un poder otorgado por Velázquez el 22 de julio de 1642 para defenderse en un pleito con los escribamos de la Cámara del Crimen de Madrid. Se sabe que Velázquez detentó varios cargos en la corte, a medida que ascendía, algunos ligados con su oficio y otros eran meras rentas. Aparece en 1647 como testigo de Velázquez y su mujer Juana Pacheco en otro poder otorgado a Carlos Santamaría para gestionar su herencia en Sevilla.

Judith (h. 1648).

1650 es un año clave en su vida. Acompaña al pintor, entonces Ayuda de Cámara del Rey Felipe IV, en su Segundo Viaje a Italia. En Roma lo retrata y el 23 el noviembre le otorga carta de libertad. Ambos hitos están documentados.

Palomino nos cuenta que fue un ejercicio de práctica previo al soberbio retrato del Papa Inocencio X, por llevar un tiempo alejado de los pinceles. Pero como tantas anotaciones suyas, ésta se pone en duda o se considera que altera las fechas.

Además, su pertenencia a la Congregación de los Virtuosos le permitió exponerlo públicamente en ese apabullante ingenio de la Antigüedad que es el Panteón de Agripa.

Retrato del escritor Agustín de Moreto (h.1648).

Y cuando Velázquez libera a Juan de Pareja de su condición de esclavo, en la carta de manumisión se especifica que ésta será “efectiva a los cuatro años a condición de que en ese tiempo no huyese ni cometiese actos criminales.

El cuadro se quedó en Italia y hasta se hizo una copia que conserva la Hispanic Society of America. El original fue subastado en 1970, coincidiendo con el 300º aniversario de su muerte y alcanzó cifra récord de venta. Se encuentra en el Metropolitan de Nueva York.

Diego Velázquez tuvo gran confianza en Juan de Pareja, como esclavo y manumitido y estuvo muy vinculado a su familia. En noviembre de 1653 firma el poder para testar de la hija de  Velázquez, Francisca, y parece ser que colaboró con Martínez del Mazo, marido de ésta y aprendiz de Velázquez.

La última referencia documental que se tiene de él es de 1667 por su condición de testigo en el testamento del Ayuda de Cámara del Infante Juan José de Austria.

Inmaculada (h.1558).

De lo que no hay duda es que tras obtener su libertad, pudo dedicarse enteramente a la pintura con encargos importantes en la retratística, donde es fiel seguidor de Velázquez y en la pintura religiosa, donde se aleja y adopta un colorido veneciano más propio del momento.

Palomino relata una cándida leyenda según la cual Juan de Pareja aprendió a escondidas y aprovechó que el monarca visitaba el taller para poner un cuadro suyo de espaldas sabiendo que el rey mandaría que lo voltearan. Quedó admirado e instó su emancipación.

Realmente por mucho que fuera un simple siervo que preparara los pinceles y los lienzos, no tiene sentido ese ocultamiento, teniendo en cuenta lo cercano que estuvo al maestro, como hemos visto.

Moriscos granadinos”, grabado de Joris Hoefnagel (hacia 1563).

La teoría de que Velázquez era negro y se autorretrató como Juan de Pareja es descacharrante y se puede desmontar aludiendo que en su partida de bautismo no se especifica su condición étnica como ocurría entonces. Yo misma he estudiado cientos de partidas de bautismos de “negros”, “moriscos” e “hijos de la Iglesia” (bastardos) de la collación de San Pedro – antigua Morería sevillana – que eran señalados como tal.

Recreación de como era la Morería en la sevilla del siglo XVI.

Pero sin duda aunque no tuviera lugar la conmemoración, el impulso reivindicativo del movimiento Black Lives Matter, nos anima a darlo, aún más, a conocer.

Desde aquí animo a autoridades y entidades pertinentes a dedicarle una exposición en Sevilla. Traer su retrato y otras obras del extranjero, junto con las del Prado y las que hay en España, cuyo traslado sería más factible.

Ya es hora de que no se hable del esclavo de Velázquez sino del artista. Nos da igual el color de su piel porque solo nos fijamos en el color de la obra de este excelente pintor barroco andaluz.

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