Whatsapp y amén

El párroco de una iglesia de Arahal usa las redes sociales para salvar el confinamiento y llegar a sus feligreses.

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Carmen González. Cualquiera que siga su perfil de Facebook desde que comenzó la pandemia, sabe que el párroco de la iglesia Nuestra Señora de la Victoria de Arahal, Miguel Ángel García Badía, es un “crack” con las nuevas tecnologías. Seguro que se ríe si alguien lo llama así porque confiesa al respecto continuamente su torpeza. Pero lo que está claro es que desde que se metió a realizador de televisión en el templo, mucho antes de comenzar la pandemia, las nuevas tecnologías le ayudan considerablemente a realizar su trabajo. Lo último ha sido la creación de grupos de whatsapp a través de los que ofrece catequesis para la confirmación y el bautismo.

Una vez en semana, el grupo de confirmación con el que trabaja conecta a última hora de la tarde. Hay en el mismo hasta una joven de Barcelona, que llegó a él porque con el confinamiento no encontraba otra manera de acudir a esta catequesis. Él se sonríe enseñando el trabajo realizado porque esta iniciativa le permite dar un paso más en la prestación de servicios utilizando las nuevas tecnologías.

Grupos de catequesis

Miguel Ángel García está encantado. ¿Cómo lo hace? Escribe en los grupos un planteamiento echando mano de la Biblia y el grupo de participantes comienza a realizar sus propias interpretaciones o a contar sus experiencias. Así lo actúa también con otro grupo de catequesis de bautismo, siempre teniendo en cuenta el fin de cada grupo de catequesis.

Los planteamientos a veces llevan a explicar situaciones o poner ejemplos en los que el cura sólo dirige, deja vía libre para que los participantes en sus grupos desarrollen sus propias ideas. “Lo mismo entro sólo una vez, con una frase”, asegura. Pero gracias a esta opción las catequesis no se han interrumpido y los bautizos tampoco. Esta misma semana, ha emitido un vídeo mostrando las fotografías de los últimos pequeños que han pasado por la pila Bautismal en la iglesia durante los últimos meses.

Porque el párroco tiene claro que sus servicios deben salir adelante ya que hay muchas personas, especialmente del barrio de la Victoria, que necesitan de ellos. Hasta marzo, los grupos de catequesis acudían una hora a la semana a la casa parroquial, ahora la pandemia se lo impide pero ni estas difíciles condiciones sanitarias van a parar a este párroco atrevido y para el que una negativa no es una opción.

Cada tarde, misa

De ahí que, además de dar catequesis vía whatsapp, sacando adelante grupos de decenas de personas, también celebra cada tarde misa en la iglesia Nuestra Señora de la Victoria. Esto lo hacía ya por medio de su sencillo canal de televisiónque tiene instalado en un rincón de la iglesia. Desde allí emitía antes de la pandemia la homilía, que se podía ver a través de dos grandes aparatos de televisión a un lado y otro del Altar Mayor.

Pero él pensó que no era suficiente “porque tengo feligreses enfermos que no pueden asistir a misa”. Así fue como empezó a trajinar en las redes sociales. Abrió una página con el nombre de la iglesia, para no hacerlo desde su perfil personal, donde probó en un principio. Desde hace unos meses, cuando llegó el confinamiento en marzo, muchos de estos feligreses esperan cada día a las ocho de la tarde para seguir la misa.

Y lo que empezó con directos poco seguidos, en las últimas entradas casi llegan a los 300 comentarios por entrada. Los feligreses lo van siguiendo en las redes acompañando la misa con sus comentarios. Miguel Ángel García es un cura jubilado ya desde hace unos años de una de sus actividades, la Enseñanza, pero al que le encanta atender a su barrio,  relacionarse con sus grupos de trabajo pero, sobre todo, ayudar sin hacer ruido. Por eso cuando lo propone para un reconocimiento, se acerca a ellos con tranquilidad sabiendo que no hace más que la labor que le corresponde en la sociedad.

Otras tareas de su día a día

Está pendiente de Cáritas la Victoria donde ha implantado un nuevo sistema de ayuda desde que comenzó enero, cansado del reparto de alimentos y sus consecuencias. Entonces dijo que “era más digno” que las personas necesitadas fueran a su tienda de barrio, donde compraban una asignación de 25 euros por cada componente de la familia, todo bajo su control y del propietario de la tienda.

De ahí que se haya aprovechado esta situación de pandemia para dejar de repartir comida en la casa parroquial, donde además necesitaba un espacio para todos los alimentos recibidos y organizar a un grupo de personas que cada semanale echaban una mano en la tarea de Cáritas Victoria. Aunque este nuevo método, no impide que estas personas sigan organizando ayudas y acudiendo con él a atender a familias con necesidades y problemas concretos.

Y desde hace años recibe en acogida a niños saharauis o bielorrusos, algunos viven con él durante años en la casa parroquial. A poco que hables con él sobre esta acogida cuenta que la gente joven le da vida. Y puede relatar en un momento todas las anécdotas relacionadas con su día a día incluso cuando va a la parcela que compró hace unos años para llevarse a estos niños en el verano y que disfruten del sol. Allí tiene gallinas y patos “que han llegado no sé de dónde” (se ríe) y a los que les echa de comer.

El paseo a la parcela es el momento de relajación de su jornada que, a veces, resulta complicada. Pero su sentido del humor, compromiso y bondad lo hace ser uno de los curas más queridos de Arahal desde que llegó hace casi 40 años.

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