15 mayo 2024
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400 años de la muerte de Andrés de Ocampo

Cristo Crucificado. Hermandad de los Negritos- Andrés de Ocampo. / Foto: Rocío Ruz.

Virginia López. El imaginero Andrés de Ocampo, autor del Cristo de la Fundación de la Hermandad de los Negritos, murió un 10 de enero del año 1623. Se cumplen 400 años de la muerte de este importante escultor que nos dejó notables obras del Manierismo sevillano y cuya efeméride, no solo no se celebra sin que tan solo este artículo desde Sevilla Buenas Noticias sirve de recordatorio.

Testamento de Andrés de Ocampo.
Semblanza biográfica

Nació en la localidad jienense de Villacarrillo en torno a 1550, siendo su padre el ingeniero Francisco de Ocampo, quien construyó en Sevilla varias infraestructuras de la época y como le adeudaban las rentas, obtuvo beneficiarse del “yngenio de moler pan” que funcionaba en el Arquillo de los Ruelas – deformación del apellido Roelas, familia que habitaba en la actual calle homónima y cuyo miembro participa en la Leyenda de Bustos Tavera y la Estrella de Sevilla –, en la trasera del Convento de Santa Clara.

Desde 1567 ya se le sitúa en Sevilla, como aprendiz de Jerónimo Hernández y el 31 de enero de 1575 aprueba el examen de escultor. Entre los años 80 y 90 del siglo XVI residió en Córdoba y Granada hasta establecerse en Sevilla. Además de las ciudades reseñadas, su obra se extiende por Extremadura, Andalucía occidental e incluso hay obras suyas en América.

De su agitada vida sentimental dan pruebas sus cuatro matrimonios, siendo tres de las esposas, desconocidas, y una, Catalina Ponce, hija de Hernán Ruiz II, Ella aportó al matrimonio su hija Luisa Ordóñez, casada con el pintor Bernabé Velázquez de Espinosa y con ella tuvo a Andrea de Ocampo y a Catalina Ponce de Ocampo – fíjense en el salto de apellidos, tan habitual entonces – quien se casó con el pintor lombardo Girolamo Lucente da Corregio. Tanto Bernabé como Girolamo trabajan con Andrés de Ocampo. Otra hija de Hernán Ruiz II, Lucía Ordóñez, estaba casada Jerónimo Hernández.

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Andrés de Ocampo fue yerno de Hernán Ruiz I y concuñado de su maestro, Jerónimo Hernández.

Las relaciones familiares – de sangre o políticas – eran tan abundantes que no tener parentela en gremios artesanales era la excepción, como en el caso de Velázquez. De ese tipo de sagas familiares ya hablé en este artículo:

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Sagas sevillanas

Y a su vez, Andrés de Ocampo es el tío de Francisco de Ocampo, este último, autor del Cristo del Calvario, obra encargada por el rico comerciante Gaspar Pérez Torquemada para su capilla de la iglesia de Santa Catalina y que recaló en la hermandad homónima, como acaba de descubrir Joaquín Rodríguez Mateos en el Archivo Histórico Provincial de Sevilla, siendo el documento del mes que se exhibe en abril.

Ambos constituyen un sólido binomio hasta el punto de que suelen referenciarse conjuntamente y el último estudio publicado también los engloba. El truco nemotécnico para diferenciarlos es que la A del tío va antes que la F del sobrino. Estilísticamente son muy diferentes entre sí, pero es verdad que sus principales obras también pueden mezclase. Mi truco es pensar en las letras -nd- de Andrés y de Fundación y en la letra -o- de Francisco y Calvario.

Los últimos años los pasa en la collación de San Vicente, con casa taller en la calle Tiros, actual calle Martínez Montañés, donde el afamado imaginero también residió allí.

Descendimiento de la Cruz, de Ocampo.
Estilo

Hasta el 12 de marzo se pudo disfrutar de la estupenda exposición “El Renacimiento en Sevilla” que ha realizado el Museo de Bellas Artes de Sevilla. Considero un acierto el mezclar pintura con escultura y echo de menos que se incluyan edificios a modo de circuito cultural. Porque precisamente el renacimiento sevillano se observa mejor en la edificación, mientras que la pintura pasa rápido al Manierismo, estilo artístico también presente en la exposición.

El Manierismo es un estilo de transición entre el Renacimiento y el Barroco. El término fue acuñado por el historiador Luigi Lanzi en el año 1792 y procede de la expresión “alla maniera di”. La usaban los seguidores de Miguel Ángel para definir un carácter que, alejándose del clasicismo para adoptar un nuevo lenguaje, rompe el equilibrio de las formas. Estos artistas solo eran conscientes de los nuevos aires de naturalismo, la perspectiva del tiempo nos permite saber que se anunciaba un nuevo estilo, el Barroco.

Cuando me refiero al Manierismo utilizo el ejemplo de que se parece al dial de la radio, porque como estilo de transición, evoluciona, y la desemejanza con las obras renacentistas irá in crescendo anunciando gestos y movimientos propios del Barroco.

Andrés de Ocampo es un escultor que se circunscribe al Manierismo, alejándose de su maestro Jerónimo Hernández y mostrando concomitancias con Juan Bautista Vázquez El Viejo.

Partida de defunción de Ocampo.
Principales obras

Cultivó el retablo donde el hueco principal iba cubierto por una pintura o por un relieve, realizado por él mismo. El pintor de origen portugués Vasco Pereira era el que más colaboraba en la policromía con él, junto con su yerno Antonio Pérez, ambos están relacionados con el aprendizaje de Murillo

Hay retablos suyos que fueron sustituidos, pero conservándose las imágenes, como es el caso del Monasterio de Santa Paula.

Su retablo más destacado, fechado el 23 de octubre de 1605, es el del relieve del Descendimiento de la Cruz, en la Iglesia de San Vicente. Destinado a la capilla funeraria de Álvaro Ponce de León, comitente que obligó a realizar las piezas previamente en barro o cera a fin de supervisarlas para autorizar su traspaso a la madera hasta que tuviesen “la gracia y postura que convenga”.

Además de ser una de sus mejores obras, revelan la evolución estilística que experimenta en torno al 1600 pues en esta obra conviven modelos propios de su etapa romanista, es decir, clásica, junto a un temprano realismo con fórmulas manieristas como la simetría junto con un plegado de ropajes en movimiento y el tratamiento en espiral del cabello.

«Este Cristo se hizo en Sevilla, año de mil seizientos y veinte y dos. Hizolo Andrés de Ocampo, maestro escultor». Así pudo leerse en el pergamino que encontró en su interior Agustín Sánchez Cid cuando restauró el Cristo de la Fundación en 1940. El año pasado se conmemoró sus cuatrocientos años.

Homenaje

Tendría que hablar en plural, pero a falta de exposición o conferencia, solo puedo reseñar su bibliografía. A la monografía se José Hernández Díaz, tardó en sumarse la obra publicada por la sevillana Editorial dArte. Un cuidado catálogo que reúne a Andrés y a Francisco de Ocampo, de la mano de Dávila Armero, Pérez Morales y Solano Vázquez, publicado en 2021. Y este sencillo artículo epítome.

 

Partida de defunción

Andrés de Ocampo debió morir con unos setenta años. Vivió en cinco collaciones hasta que se establece, en el año 1606, en San Vicente, llegando a fundar una capellanía para su entierro allí.

Esta es la transcripción de la misma que se encuentra en el Archivo de la Parroquia de San Vicente:

En 10 de enero de 1623 enterraron en esta iglesia a Andrés de Ocampo hizo testamento ante Alonso de Escuredo Colombres fueron albaceas Francisco de Ocampo y Juan Bautista de Guzmán dijósele la misa cantada de cuerpo presente.”

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