Martes Santo de confusión y Humildad

La jornada cumplió el horario fijado por el Consejo de Hermandades, pese a la confusión entre los cofrades, que no acababan de situar las cofradías.

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C.P.G. Si el Martes Santo al revés del año pasado resultó desconcertante, los cambios en la nómina de este 2019 no han sido menos. Los programas de mano, en papel o en digital, eran los principales aliados de los cofrades, incluso los más experimentados, que no sabían dónde y cuándo estaba cada cofradía. San Esteban entró de día, Santa Cruz volvió a pasar por el Postigo, Los Estudiantes y Los Javieres entraron en la Campana de noche, pero, sobre todo, y más allá de estos cambios, el Cerro estrenó su tercer paso y compartió su Humildad con Sevilla en un impresionante paso de Francisco Verdugo.

Aunque en este Martes Santo no era la primera en la nómina, la hermandad del Cerro siguió inaugurando una jornada, marcada por temperaturas más agradables que los días precedentes y menos público durante las primeras horas. El barrio aplaudió la primera levantá del Señor de la Humildad en el interior de la parroquia de Nuestra Señora de los Dolores. “Vamos a repartir Humildad por las calles de Sevilla”, arengó el capataz, Manuel Millán, a la cuadrilla que estrenaba paso para la Semana Santa sevillana. Una paloma, de las 30 que este Martes Santo soltó la familia Torrejón para conmemorar las 30 estaciones de penitencia de la corporación, se posó en la corona de la Virgen de los Dolores, cuyo palio iba exornado con claveles blancos y astromelias y fresias. Lilium morado y minicalas negras, adornaban el paso del Nazareno de Miñarro, y claveles sangre toro el paso del Cristo del Desamparo y Abandono.

San Esteban adelantó dos horas su salida. Y por ende, su entrada, que, unida a esta Semana Santa tardía, fue a plena luz de día. Pero nada alteró las difíciles maniobras que deben realizar los costaleros para salvar la dentada puerta ojival. Cuando fue a pedir la venia, todavía no había llegado el público a la Campana.




La Candelaria recuperó los Jardines de Murillo a la vuelta, pero tres horas antes de lo habitual, de modo que los carritos de niños tomaron este recorrido. Antes, a su paso por la calle San Fernando, le tocaron la marcha Virgen de los Estudiantes, de Abel Moreno, basada en le himno universitario, Gaudeamus Igitur, la misma con la que una hora antes salía la Virgen de la Angustia del Rectorado. Con la ayuda de Protección Civil, salvaron el cruce más temido de la jornada, el de la Puerta Jerez entre los Estudiantes, de ida, y el Cerro ya de vuelta, seguido de la Candelaria.

En el palquillo, Jesús Morón, el capataz de la Virgen de la Encarnación, dedicó la levantá por los niños de Oncología, mientras la Banda Municipal de la Puebla del Río interpretaba Encarnación Coronada y Encarnación de la Calzada. Las filigranas de la cuadrilla del Señor de la Presentación al Pueblo hicieron las delicias del público que abarrotaba a su paso la Cuesta del Rosario: cuatro marchas encadenadas para terminar con Presentado a Sevilla.

La plaza de San Lorenzo recuperó el bullicio habitual cuando la Virgen del Dulce Nombre se alejaba por Cardenal Spínola. Niños correteando y el sonido de mesas y sillas de veladores que vuelven a ser colocadas. La cofradía llegó a golpe de tambor hasta el palquillo de la Campana, la forma con que la hermandad quiso mostrar el descontento por la imposición horaria del Consejo. Después, la Oliva de Salteras tocó para la dolorosa de Castillo Lastrucci Procesión de Semana Santa. Uno de los sayones que conforman el misterio de Jesús ante Anás llevaba la cara semitapada, una licencia del prioste que despertó la curiosidad de muchos cofrades a su paso.

Quizás la cofradía que más haya ganado con el nuevo orden de la jornada fue la hermandad de Los Javieres. Cofradía de negro, de absoluto silencio en el paso del Cristo de las Almas, con redoble de tambor fúnebre en el palio y marchas como Mater mea con la que cruzaba la plaza del Salvador al filo de la medianoche, parece haber encontrado su sitio.

Santa Cruz, que además renunció al paso ante el Palacio Arzobispal, retornó al Postigo y pasó en dos ocasiones, a la ida y la vuelta, por la Alcazaba. En la Campana, la banda Tejera, con su inconfundible toque, le dedicó Cristo de la Alcazaba.



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