Universidad de Sevilla

Publican una monografía sobre la creación del Museo de Bellas Artes de Sevilla

'El Museo de Bellas Artes de Sevilla en el siglo XIX' es el título de esta obra elaborada por el historiador Rafael de Besa.

Un momento de la presentación de la obra de Rafael de Besa.

Redacción. La Diputación de Sevilla, a través del Servicio de Archivo y Publicaciones del Área de Cultura y Ciudadanía, acaba de publicar una monografía que profundiza en uno de los episodios más importantes del arte sevillano: la creación del Museo de Bellas Artes. Un estudio, que ofrece una revisión actualizada de la composición y el uso museográfico de los fondos del Museo de Bellas Artes, desde su nacimiento hasta el siglo XX, atendiendo al papel que desempeñaron las instituciones encargadas de su gestión, conservación y desarrollo.

Se trata del libro ‘El Museo de Bellas Artes de Sevilla en el siglo XIX‘, cuyo autor es Rafael de Besa, recientemente presentado en la Casa de la Provincia por el catedrático de Historia del Arte de la Universidad de Sevilla, Ramón Corzo.

De Besa (Sevilla, 1987) es historiador del arte por la Universidad de Sevilla, lugar donde desarrolló sus estudios de doctorado. Su línea de investigación se ha centrado en la evolución de las instituciones académicas sevillanas dedicadas a las bellas artes, desde la fundada por Murillo, en 1660, hasta la actual de Santa Isabel de Hungría.




Este volumen abarca un periodo de estudio que parte desde la creación del Museo, en torno a 1835, hasta la entrada en el siglo XX como una pinacoteca totalmente desarrollada y en pleno funcionamiento. Una colección artística de tal magnitud, requería de un estudio que permitiera conocer en profundidad sus orígenes y esta deuda con la historiografía artística sevillana ha resultado ser el principal motivo que ha llevado a Rafael de Besa a concluir este estudio, premio del Concurso de Monografías Archivo Hispalense que convoca la Diputación.

Lo que se sabía hasta ahora de la gestación del Museo de Bellas Artes de Sevilla durante el siglo XIX eran sólo generalidades equiparables a las conocidas sobre otros museos provinciales, junto a catálogos y descripciones, sin un apoyo documental coherente. El objetivo que se ha planteado el autor de este libro es el de hacer una crónica precisa y detallada del proceso de formación del Museo, junto con el análisis de las circunstancias y los criterios que guiaron su desarrollo.

No se trata de un simple estudio historiográfico, sino que se pretende averiguar a través de los hechos las razones por las que el Museo posee determinadas piezas, mientras que otras no han llegado a conservarse.

Nacimiento de un Museo. La creación de museos a lo largo del siglo XIX, se produjo como resultado de sucesos históricos que hicieron posible la transferencia de la propiedad de las obras de arte al patrimonio común y la tarea de ordenar esa transferencia estuvo a cargo de las personas que habían destacado en cada provincia por su aprecio al patrimonio. El nacimiento de muchos museos provinciales de bellas artes encontró su oportunidad y se hizo necesario a consecuencia de las leyes desamortizadoras por las que el patrimonio de las órdenes religiosas fue incautado por el Estado.

En Sevilla, la comisión inicial estuvo formada por miembros de la Academia de Bellas Artes y de la Sociedad Económica de amigos del País; esta comisión sufrió muchas transformaciones durante los primeros años hasta el inicio de su funcionamiento regular; la documentación de actas, inventarios y proyectos de obras conservada en el archivo de la Real Academia de Bellas Artes, acredita que fue siempre esta institución la que asumió el papel de organizadora del Museo, junto con las intervenciones temporales de la Comisión de Monumentos.

Fueron los Académicos los encargados de seleccionar las obras que se conservaban y exponían, pero su objetivo iba más allá de la protección primaria del patrimonio artístico. La Academia desempeñaba también una intensa labor docente y las obras del Museo, que compartían sede con la Escuela de Bellas Artes, gestionada también por la Academia, eran al mismo tiempo los modelos sobre los que se impartían clases. La formación de los artistas en la Academia atraía a profesores y alumnos de otras provincias, porque en ningún sitio mejor que aquí se podía aprender lo más apreciado de la tradición artística de la escuela sevillana.

En paralelo a esta proyección docente del Museo se produjo también la consolidación de una imagen del arte sevillano que fue recogida y apreciada por toda la ciudad hasta convertirse en su mejor seña de identidad. El Museo Provincial de Bellas Artes es “el Museo de Sevilla”, bien porque acogió durante mucho tiempo al Museo Arqueológico, pero, esencialmente, porque era el Museo de una ciudad y de una sociedad que se reconocía en él hasta hacerle ocupar un papel equivalente o superior al de los grandes monumentos. Podemos debatir ahora sobre si fueron los Académicos los que supieron crear este aprecio popular hacia el Museo y sus obras artísticas, o si se limitaron a interpretar adecuadamente lo que se deducía de la sensibilidad de los sevillanos.

Rafael de Besa ha realizado una revisión minuciosa de toda la documentación conservada en la Real Academia de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría, que ha podido poner en relación con la información bibliográfica y obtiene un panorama clarificador de las peculiaridades del Museo, restituyendo el proceso de relaciones entre la Academia, el Museo y los sevillanos, que encontraron en el Museo el mejor espejo de su personalidad artística.



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